Capítulo 2 – LA TORRE DE MARFIL – MACHU PICCHU

Era la primavera dé 1898 y la vida de Hiram parecía perfecta. Estaba por graduarse de Yale, una de las instituciones académicas más prestigiosas de Estados Unidos. Medía 1,93 m. y era delicadamente apuesto, aunque un poco tímido, pero menos socialmente torpe que cuando era niño. El dinero, debido a sus metas, importaba poco: ya estaba planificada su vida como misionero en China. En palabras de su padre, sería «profesor del Emperador del Celeste Imperio de la misma forma como tu abuelo lo fue de los reyes y reinas de las Islas Sandwich» . Pero si su vida iba tan bien, ¿por qué confesaría después en una carta que estaba «volviéndose loco . Su carrera universitaria había empezado bien. Al igual que su padre, Hiram compitió en veleros y ganó todas las copas que se disputaron en 1897. Cantaba, arbitraba partidos de fútbol americano y, tal como esperaba su padre, encontró el nicho religioso de la universidad. Más notoriamente, Hiram asumió una posición de liderazgo en Dwight Hall, el grupo universitario de servicio público de filiación cristiana. Socialmente, sin embargo, el tiempo que pasó en aquella institución elitista
y excluyente fue difícil (Viaje Machupicchu Peru).

Aunque había personas de origen modesto como el suyo, en la década de 1890 Yale era un campo de juego de los jóvenes de la edad dorada de fines del siglo XIX: era un lugar donde podían buscar un propósito en la vida, ostentar su estatus y hacer los contactos que les garantizarían la fortuna y la gloria. Entre los compañeros de clase de Bingham se encontraban futuros senadores, empresarios petroleros, diplomáticos, empresarios ferroviarios, prósperos filántropos, escritores y un compositor ganador del premio Pulitzer. Algunos salieron adelante por sí mismos, otros eran herederos; Yale imbuyó a ambos grupos casi todos protestantes blancos anglosajones una ambición por el éxito mundano, mas no espiritual. En este medio, Hiram empezó a relajar su puritanismo. Mientras daba clases particulares a los jóvenes adinerados, estudiaba sus hábitos. Jugaba cartas y se unió a la fraternidad Psi Epsilon y el club hawaiano de Yale, donde vio a sus amigos fumar y beber, actividades prohibidas en el Honolulú misionero. Leía novelas abiertamente y bailaba con mujeres en las fiestas. Leyó la biblia como alegoría, no historia, y miraba por encima del hombro a los evangélicos. Tal como le escribió a sus padres, aún era cristiano, pero no tenía que ser un fanático para demostrarlo (Viaje Machupicchu Peru).

Otra ola de éxito mundano lo impulsó. Al final del primer año académico, junto con otros dos miembros del equipo de debate de su año de Yale, derrotó al equipo de Harvard, lo cual le dio a su universidad «la primera victoria en debate de la cual Yale podía jactarse». Bingham después les contaría a sus hijos que los estudiantes lanzaron entusiastas vítores, tomaron el escenario y levantaron a los tres jóvenes en hombros y los pasearon por el campus . Hiram no se hacía ilusiones de volverse un potentado ferroviario, pero sus habilidades intelectuales y retóricas le insinuaban otros caminos hacia la aceptación de sus pares. Presidió la sociedad de debate de último año, quebró el sabat para estudiar, e idolatraba a sus profesores. Hi cruelmente le indicó a su padre que «ningún ministro tiene ni la quinta parte de la oportunidad de beneficiar y afectar al mundo con su influencia que la que tiene un profesor» . Sacaba de la biblioteca más libros que cualquier otro estudiante ledecían el bibliotecario de la universidad, y para el fin de su tercer año estaba en camino a ser incorporado a la prestigiosa sociedad Phi Beta Kappa y a empezar su carrera en el mundo académico (Viaje Machupicchu Peru).

En lugar de ello, sus sueños se desmoronaron. En el otoño de 1897, mientras el campus de laja se cubría de hojas doradas y rojas como brasas de esperanza, Hiram aguardaba el ligero toque en el hombro con el cual los estudiantes de último año eran aceptados a alguna de las no tan secretas sociedades de Yale, quizá incluso la SkullandBones Calaveras y Huesos, la más exclusiva de todas. Jamás llegaría. Cuando sus compañeros empezaron a hacerse guiños sobre bufandas y agujas de corbatas, Hi supo que había sido pasado por alto. Habiendo aceptado los patrones de éxito de Yale, lo tomó muy mal.  Años después, cuando regresó a enseñar en Yale, creyó que jamás estaría en la «jerarquía interior… porque no era miembro de Skull and Bones» (Viaje Machupicchu Peru).

Prosiguió con su plan secreto de volverse profesor, pero sus notas empezaron a bajar. Aquella primavera, mientras representaba a Yale en una conferencia religiosa, Hiram oyó a un predicador del movimiento revival(\ut lo llenó de un sentimiento de culpa debido a su alejamiento de la iglesia. Cuando su rica imaginación se vio llena de visiones del infierno, entregó al predicador todo el dinero que había ahorrado para seguir con su educación. Al recuperar la compostura, se sintió avergonzado, pero estuvo de acuerdo con sus padres en que había sido una señal que le indicaba que después de graduarse debería viajar de vuelta a Hawái para empezar su carrera como misionero. Por dentro, sin embargo, Hiram estaba atormentado, y a su alrededor, el mundo estaba convulsionado (Viaje Machupicchu Peru).

En febrero de 1898, justo antes de su epifanía, elUSS Maine misteriosamente explotó en el puerto de La Habana, en Cuba. La isla estaba enfrascada en ese momento en una violenta lucha por su independencia de España, que intentaba aferrarse a sus últimas dos colonias del Nuevo Mundo: Cuba y Puerto Rico. Los periódicos de William Randolph Hearst quien después serviría de inspiración para la película Citizen Kane de Orson Welles usaron el incidente del Maine para enfervorizar al público estadounidense, exigiendo que los Estados Unidos intervinieran en la lucha de los revolucionarios (Viaje Machupicchu Peru).

Para Hearst, había llegado el momento de poner a prueba la Doctrina Monroe, la política extraoficial de Estados Unidos contra intromisiones europeas en el hemisferio occidental. Entre los angloamericanos, la «leyenda negra» de los españoles según la cual eran salvajes, ignorantes, supersticiosos y ociosos era muy conocida. (Ignoraban convenientemente que aquel mínimo de justicia que mostraran los españoles tuvo como consecuencia que sus poblaciones indígenas no estuvieran confinadas a reservaciones, como en Estados Unidos). Para volverse una potencia mundial, Estados Unidos requería un villano, y España resultaba conveniente. El Congreso autorizó al presidente William McKinley a unirse a la lucha independentista cubana con o sin aprobación popular cubana, dando inicio a la guerra Hispano-Estadounidense (Viaje Machupicchu Peru).

El campus universitario de Yale estalló en un apoyo completo y desenfrenado por la intervención, quemando efigies de España y del general de su ejército, Valeriano Weyler . «Todos hablan de enlistarse», le escribió Hi a su padre. «Me siento fuertemente inclinado a presentarme de voluntario». Quería unirse a los Rough Riders, el famoso regimiento de cowboys y estudiantes de la Ivy League dirigido por el coronel Theodore Roosevelt . Lleno de patriotismo y pánico, Bingham quería evadir su futuro misionero demostrando su valor en una lucha revolucionaria. Afortunadamente, un tío suyo convenció a Hi de no enlistarse (Viaje Machupicchu Peru).

Si hubiera seguido a Roosevelt en la carga contra el cerro San Juan, su estatura lo hubiera convertido en un blanco fácil. Hiram intentó convencerse de que esta era la decisión correcta, sorprendido ante sus padres de «cuán pocos están dispuestos y entusiastas por dar sus vidas por… el Reino de Dios!» . Sus protestas sonaban vacuas, sin embargo, y las muchas sillas vacías en su graduación lo refutaban silenciosamente. Incluso en Hawái, la guerra era ineludible. El 7 de julio, el presidente McKinley oficialmente anexó las islas como un territorio estadounidense. Tropas estadounidenses ya estaban partiendo de Honolulú con destino a Filipinas, con miras a desmembrar y reordenar los últimos pedazos de la España imperial, insinuándose así sus ambiciones imperiales propias. El joven Hi estuvo privado del placer inmediato de participar, pero la atmósfera de guerra, las aventuras de ultramar y el privilegio dorado habían calado en él mucho más que miles de horas de iglesia. Los últimos días de Hiram en el continente, sin embargo, prefiguraban un futuro mucho mejor (Viaje Machupicchu Peru).

El 5 de julio de 1898, mientras visitaba a su familia en Massachusetts, Hiram trepó a una torre que conmemoraba a la supuesta civilización perdida de Norumbega, la cual a fines del siglo XIX era considerada como un El Dorado de Nueva Inglaterra. Como ha sugerido un arqueólogo, «un Estados Unidos joven, buscando su lugar en el mundo, deseaba una historia monumental comparable a los muy publicitados descubrimientos de Schliemann en Troya y Micenas» . Según la leyenda, Norumbega había sido un reino indígena de increíble riqueza, pero probablemente era una memoria distorsionada de las grandes sociedades indígenas que poblaban la costa Atlántica antes de la llegada de las armas y enfermedades europeas (Viaje Machupicchu Peru).

El diseñador de la torre, sin embargo, era un excéntrico y acaudalado químico de Cambridge, quien creía que Norumbega en realidad había sido un poblado nórdico, y que la principal civilización precolombina de Norteamérica había sido conformada por hombres blancos y rubios La teoría nacía de pura especulación y del deseo de introducir noreuropeos en América antes que los españoles, así como del rechazo a creer que los indígenas podrían haber construido grandes civilizaciones propias. Aunque los historiadores y arqueólogos deslegitimaron estas teorías, estas ideas estaban presentes en la sociedad en general. Se veían reforzadas por el popular género de la «raza perdida» presente en las novelas de fines del siglo XIX y comienzos del XX, en las cuales blancos e indios luchaban por ciudades perdidas del Nuevo Mundo, llenas de oro, plata y secretos (Viaje Machupicchu Peru).

The Young Silver Hunters or The Lost City ofthe Andes («Los jóvenes cazadores de plata o la ciudad perdida de los Andes») contaba una historia de este tipo. En su cubierta aparecían cuatro estadounidenses con armas de fuego cayendo a un hoyo ante una horda de emplumados «adoradores del sol». Quizá Hi se distraía de sus estudios para leer estas novelas populares, o quizá no. No obstante, eran parte de su mundo tanto como la torre de Norumbega. Había ido ahí para alejarse de todo, quizá para entender a dónde se dirigía y por qué. La misión de su familia había sido reemplazar las religiones nativas del mundo con la cristiandad; la torre de Norumbega iba más allá, al reemplazar la historia nativa con una de origen nórdico (Viaje Machupicchu Peru).

Era precisamente el tipo de idea que Hiram algún día tendría que combatir en su carrera como explorador, una clase distinta de misionero. Por el momento, sin embargo, seguía atrapado en el pasado familiar. «Quisiera que aquellos habitantes de los profundos valles y sus mentes estrechas ascendieran y ampliaran su mundo», escribió. «Cuán diferente sería su concepto de Dios» . Hi bajó de la torre, cruzó el país por ferrocarril, y tomó un vapor a Honolulú, donde regresó a vivir con sus padres (Viaje Machupicchu Peru).