Viajes a Machu Picchu: Había estado varias veces en Perú en mis viajes, pero no había visitado Machu Picchu. Todo el mundo me lo recomendaba como viajes a Machu Picchu, me decían era una lástima me lo perdiera en mis viajes, estando tan cerca en varias ocasiones en Machu Picchu. Viendo las fotos en Internet, lo cierto ese lugar parecía interesante y mágico, y todas las personas lo habían visitado en sus viajes a Machu Picchu, me contaron una experiencia de conocerlo era única de Machu Picchu. Alyson, mi profesora de inglés me contó había sentido una energía especial de Machu Picchu, como si aún habitaran por allí los espíritus de los Incas. Me relató, y logré entenderla a duras penas, el paisaje era imponente, flanqueado por majestuosas montañas verdes de ceja de selva (Viajes a Machu Picchu).

También había estado mi amigo Samuel, un periodista aficionado al viaje mochilero, y me contó era un lugar donde era fácil conectar contigo mismo, con tu interior, dado el carácter místico y sagrado del lugar Machu Picchu. Ya que por fin había decidido conocerlo en mis viajes, había entrado en Internet y leído algo sobre la ciudad Inca Machu Picchu, como por ejemplo que era uno de los monumentos arqueológicos incas más importantes del mundo Machu Picchu, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad Machu Picchu. Así después de tantos comentarios entusiastas de mis amigos de sus viajes, lo cierto senti un interes y una verdad ganas de verlo. Es más, estaba ansioso por llegar allí en mis viajes a Machu Picchu, por sentir esa energía tan especial que decía Alyson, por contemplar una de las maravillas del mundo Machu Picchu. De hecho, ese era uno de mis más recientes objetivos en mis viajes: visitar las 7 maravillas del mundo Machu Picchu. Y digo recientes porque siempre he sido una persona con las ideas claras. Me refiero desde que tenía cinco años me marcaba objetivos claros y definidos. Tenía una don para definir y luchar por alcanzarlos. Era como un juego, y la verdad es durante toda mi vida fui perfeccionando esa habilidad: la habilidad de marcarme objetivos y alcanzarlos (Viajes a Machu Picchu).

Eso me ha llevado a cotas muy altas en mi carrera profesional. De hecho, estudié la carrera de periodismo y rápidamente encontré trabajo como reportero en un canal de televisión nacional. Posteriormente, fui ascendiendo en mi carrera, llegando a ser presentador de las noticias en la televisión con más audiencia en mi país, y convertirme en un personaje muy popular. Esa popularidad provocó me marcara nuevos objetivos: publicar varios libros sobre aspectos diversos de la sociedad occidental, de tipo económico, político o social. Mi trabajo como periodista me facilitaba enormemente mi labor como escritor, ya que tenía toda la información necesaria al alcance de la mano, y trabajaba a diario con ella (Viajes a Machu Picchu).

A nivel personal, también me marqué objetivos desde muy joven. Quería casarme con una mujer guapa e inteligente, y tener dos hijos. Y así sucedió. También me propuse aprender a jugar excelentemente al tenis, y dediqué varios años a dar clases para poder ganar a mis amigos en los partidos que jugábamos cada quince días. Terminé ganándolos y siendo el mejor (Viajes a Machu Picchu).

El trabajo como escritor y presentador de las noticias en televisión me proporcionó fama y dinero, y poco a poco las empresas e instituciones me reclamaban para impartir conferencias sobre la actual crisis económica y social en todo el mundo, y sobre nuevas tendencias. Ese era el motivo de mis viajes a diferentes países del mundo, entre ellos Perú. Impartía conferencias sobre mi último libro: “La verdad sobre la crisis”, se estaba convirtiendo en un auténtico éxito de ventas. Y en esta ocasión, decidí quedarme tres días más para poder ir de viaje a Machu Picchu. Ese era el principal objetivo de mis viajes, aparte de repetir con éxito la misma conferencia en distintos foros empresariales y económicos de la ciudad de Lima (Viajes a Machu Picchu).

Después de tres días, había logrado la segunda meta. Ahora me faltaba la principal, y para ello había organizado con minuciosidad el viaje desde mi país, con la agencia de turismo de Perú. Seleccioné el viaje más rápido, para llegar cuanto antes y poder disfrutarlo el máximo tiempo posible, aunque la forma más ágil de llegar implicaba nada menos que siete horas. ¡Aquello no estaba hecho para mí! No estaba acostumbrado a esperar mucho para lograr lo que me proponía, y siete horas de viaje se me hacía muy cuesta arriba. Sin embargo, no había otro medio de llegar, por lo tanto tuve que resignarme. Salí a las cinco de la madrugada de mi hotel de Lima, en un taxi hacia el aeropuerto. Cogí el primer vuelo a Cusco y allí me recogió uno de los empleados de la agencia, donde me acompañó a una camioneta amplia (Viajes a Machu Picchu).

  • ¿Se encuentra bien? –Me dijo nada más aterrizar el guía con gesto de preocupación. Yo no entendía la pregunta.
  • Sí, muy bien. Gracias. –Contesté
  • Es que el mal de altura aquí en Cusco es muy peligroso. Alguna vez hemos tenido donde llevar al hospital a algún turista porque no podía respirar…claro que normalmente suelen ser ancianos o niños.

Subimos a la camioneta y emprendimos un largo viaje por diferentes carreteras. Durante el viaje iba imaginándome mis futuras sensaciones y emociones cuando llegara a Machu Picchu, y por eso no prestaba mucha atención al paisaje, y de vez en cuando el guía me volvía a preguntar con preocupación cómo me encontraba. Yo le repetía que me sentía perfectamente, y no sentía nada parecido a mareos o vértigos. Pero el guía era algo obsesivo y cada diez minutos insistía con su pregunta. En cuanto se callaba, aprovechaba para mirar algunas fotos donde tenía en mi mochila sobre las montañas verdes de Machu Micchu, y eso aumentaba cada vez más mi deseo de estar allí ya, sin más demoras ni viajes eternos y aburridos (Viajes a Machu Picchu).

Después de más de una hora viajando en la camioneta, llegamos a la estación de tren de Ollantaytambo. Allí tuve necesidad de sacar un billete para el viaje en tren Expedition a Machu Picchu, donde me llevaría hasta la estación más cercana a Machu Picchu, Aguas Calientes, pero tuve esperando unos veinte minutos hasta poder coger el primero. Junto a la estación había bastantes puestos de artesanía y estuve dando una vuelta aunque sin demasiada atención. Mi mente seguía focalizada en mi objetivo de viajes a Machu Picchu: llegar a Machu Picchu y sentir todo lo que me habían contado: magia, esencia, espiritualidad, energía positiva. Sí, quería llegar allí cuanto antes. Uno de los principales motivos por los que sentía impaciencia por estar ya allí era que en los últimos meses me había dado cuenta de que no me sentía feliz con mi vida. A mis cincuenta y dos años, había logrado todo lo marcado, tenía una vida envidiable, con una mujer guapa e inteligente, con dos hijos modélicos, una profesión apasionante que me permitía una gran variedad de experiencias, así como fama y dinero. ¿Qué más podía pedir? Y sin embargo, algo en mi interior me murmuraba una y otra vez que no era feliz. Y lo peor es que no entendía por qué, ni tampoco de dónde venía esa voz. De mi interior, sí, pero ¿De qué parte oscura y recóndita de mi interior? (Viajes a Machu Picchu)

Por lo tanto, esa cada vez más frecuente nausea interior me tenía muy confundido y desorientado. Me decía a mí mismo que quizá la solución a mi insatisfacción era que debía marcarme nuevas metas para mi vida personal y profesional. Eso era lo que siempre me había motivado, así que sin duda debia ser la llave. Por eso, en algunos momentos me dediqué a pensar en mis objetivos.  (Viajes a Machu Picchu)

¿Qué era lo que deseaba conseguir en esa etapa de mi vida? En una de mis listas surgió la meta de visitar las maravillas del mundo, tanto las construidas por el hombre como las naturales. Eso hizo que de pronto una nueva dimensión emergiera en mi mente, y mi motivación creció como la espuma. Ya había contemplado las pirámides de Egipto y el Coliseo Romano con mi mujer. Y ahora, aprovechando el viaje de negocios, iba a visitar la tercera. Durante el viaje por el tren Expedition me sentía muy nervioso, y mi ansia por llegar y alcanzar mi objetivo aumentaba y aumentaba. Estaba sentado junto a un anciano del lugar, debía tener unos ochenta años. Al notar mi ansiedad se dirigió a mí (Viajes a Machu Picchu).

  • ¿Es la primera vez que visita Machu Picchu?
  • – Sí, sí. La primera vez. ¿Y usted? –Respondí sin apenas mirarle.
  • – No. He estado veintidós veces.
  • – ¡Veintidos! ¡Dios mío! ¿Y para qué? No tiene ningún sentido. –dije imprudentemente.
  • – Bueno, eso depende de la perspectiva. –respondió con aire misterioso.
  • – Ya se sabrá de memoria el monumento. Y además, las horas de viaje son soporíferas. No quiero imaginar repetir este viaje eterno y pesado durante veintidós veces. ¡Buf!

El anciano me miró con serenidad, sin inmutarse. Iba vestido con una camisa de lino blanca y unos pantalones de algodón de color gris (Viajes a Machu Picchu).

  • Para mí cada vez que hago el viaje, todo es nuevo, todo es diferente. Por ejemplo, en este viaje le he conocido a usted y estamos charlando. Unas veces lo he visitado después de haber llovido y con el cielo cubierto de nubes, otras veces las montañas y el paisaje brillaban con la luz del sol.
  • Le aseguro que he disfrutado cada uno de los viajes como el primero.
  • -explicó con intensidad el anciano.
  • – Ya –dije escuetamente.

Al comprobar mi escepticismo y confusión, continuó indagando, mientras yo no me daba cuenta de que paulatinamente el desconocido anciano iba enganchándome con sus preguntas y comentarios (Viajes a Machu Picchu).

  • ¿A usted le gustaría estar ya en Machu Picchu, verdad?
  • – Sí, desde luego. Soy bastante nervioso, y no me gusta esperar.
  • – Ya.
  • – Verá, a mí me motiva conseguir cosas, alcanzar metas, lograr retos. Toda mi vida he sido así, y la verdad es que me ha ido muy bien, porque he conseguido muchísimas cosas en mi vida, me siento muy orgulloso. Y ahora mi meta es ver Machu Picchu. Bueno, en realidad, es una pequeña parte del verdadero objetivo, es visitar las maravillas del mundo, tanto naturales como construidas. Cuando logre ver las catorce maravillas, ¡Buf! Menudo subidón voy a tener. Imagínese lo increíble debe ser haber recorrido el mundo en sus viajes para ver los lugares más impresionantes del planeta (Viajes a Machu Picchu).
  • ¿Se da usted cuenta del paisaje precioso donde estamos recorriendo ahora mismo? –dijo el viejo de forma sorprendente y algo brusca. Eso me obligó a mirar por las ventanas panorámicas donde tenía el tren Expedition en el techo, a través de las cuales podía contemplarse la vegetación frondosa y salvaje de ceja de selva. Miré también por mi ventana derecha y a la izquierda, y realmente el paisaje era muy bello (Viajes a Machu Picchu).
  • – La verdad es bonito, sí. Me gusta mucho.
  • – ¿Y la temperatura? ¿Se ha dado cuenta hace mucho más calor que cuando iniciamos el viaje?
  • – Sí, la verdad es que ahora que lo dice, me voy a quitar la chaqueta.
  • –contesté sorprendido por no haber sido consciente del drástico cambio en el clima.
  • De manera que no se sentirá tranquilo hasta que no haya visitado las catorce maravillas de nuestro planeta.
  • – ¡Eso es!
  • – ¿Y qué me dice de los objetivos que ha ido logrando en su vida? Me refiero a…¿Qué sucedía en el mismo instante que los conseguía?
  • – Pues…me sentía fenomenal, orgulloso, pletórico (Viajes a Machu Picchu).
  • ¿Cuánto tiempo se sentía así? –el anciano seguía preguntando, y yo cada vez me sentía más intrigado. No sabía adonde quería llegar (Viajes a Machu Picchu).
  • – Pues no mucho. Unos minutos, como mucho unas horas, porque ya estaba pensando en el siguiente objetivo.
  • – Me lo imaginaba.
  • – ¿Cómo? ¿Por qué? ¿A qué se refiere?
  • – No se ofenda, pero creo que cuando llegue a Machu Picchu, no pasará más de cinco minutos y estará ya pensando en la siguiente maravilla del mundo (Viajes a Machu Picchu).
  • – Puede ser…pero ¿Qué hay de malo en eso?
  • – ¿Qué cree que sucederá en el momento de alcanzar el último monumento, la última maravilla? Cuando haya visto ya todo. ¿Qué sucederá?
  • – Me sentiré feliz.
  • No lo creo. Porque inmediatamente, estará pensando en el siguiente objetivo. ¿Es que no lo ve? (Viajes a Machu Picchu)

El tren, sin darnos cuenta, había ido desacelerando y estábamos ya llegando a la estación de Aguas Calientes, junto a la gran ciudad Inca. Cuando llegamos, me bajé junto con el anciano, sin comprender sus últimas palabras. Me parecía muy osado, incluso prepotente por su parte, permitirse aventurar lo que yo iba a sentir o pensar en momentos tan especiales. Así que decidí despedirme de él y continuar solo mi camino. El anciano no se molestó. Al contrario, me sonrió abiertamente y me dijo: “Disfrute de sus objetivos” (Viajes a Machu Picchu).

Desde la estación de tren en Aguas Calientes había que subirse a un autobús que nos transportaría hasta la cima de la montaña donde se encontraba la ciudadela de Machu Picchu, a través de una carretera estrechísima y endiabladamente empinada y llena de curvas. (Viajes a Machu Picchu)

El trayecto era realmente complicado, especialmente cuando un autobús de ida y otro de vuelta tenían que cruzarse. Incluso en una ocasión nuestro autobús tuvo que dar marchar atrás unos metros, provocando un tenso silencio de pánico entre los turistas que íbamos dentro (Viajes a Machu Picchu).

El anciano había montado en otro autocar, pero ahora sin quererlo estaba recordándolo, porque por primera vez estaba disfrutando del espectacular paisaje de las montañas imponentes. Fueron unos segundos placenteros, aunque rápidamente mi mente interrumpió ese fugaz instante con sus deseos implacables de llegar a Machu Picchu. Por fin, después de siete horas, estaba a punto de llegar. (Viajes a Machu Picchu)

Desde mi hotel en Lima, de noche aún, hasta ese momento, habían pasado demasiadas horas. Eran las doce y media del mediodía. Y yo me preguntaba si Machu Picchu, con su mística y sagrada energía, iba a hacer desaparecer mi molesta voz interior y mi insatisfacción vital del último año. No podía ser de otra manera, y eso me hacía sentir excitado y al mismo tiempo nervioso. Trataba de adivinar entre las numerosas montañas verdes cual sería la famosa montaña que aparece en todas las fotos turísticas (Viajes a Machu Picchu).

Por fin, el autobús llegó a lo alto, y todos nos apeamos. Aún no veíamos la ciudad Inca, había que entregar el ticket de la entrada. Pero antes yo tenía que encontrarme con mi nueva guía, que me explicaría con detalle la historia y detalles de Machu Picchu, para poder disfrutarla con la máxima intensidad. Como llevaba una gorra y una camiseta de la agencia, la reconocí inmediatamente y nos saludamos afablemente (Viajes a Machu Picchu).

  • Bienvenido a la ciudad Inca de Macchu Pichu, la ciudadela considerada como una de las más extraordinarias muestras de arquitectura paisajística del mundo. Mi nombre es Graciela, y voy a ser su guía durante el itinerario.
  • – Gracias, encantado en el viaje.

Y sí que estaba encantado porque la guía era una peruana bastante guapa, con un cuerpo pequeño pero proporcionado y delgado, y además era mi guía personalizada e individual, lo cual era un auténtico privilegio (Viajes a Machu Picchu).

Una vez que entramos en el recinto, tuvimos que subir un camino cuesta arriba, mientras Graciela mi iba explicando:

  • Utilizando ingeniosas técnicas, los Incas lograron transportar pesados bloques de piedra así como tallarlos y pulirlos con pulcritud sorprendente.

Y por fin, ante mis ojos, ahí estaba. La ciudad rodeada de montañas majestuosas de ceja de selva. Había llegado, lo había conseguido. Veía ahí abajo los restos de aquella ciudad, excelentemente conservados, rodeados de una vegetación verde brillante, y todo iluminado y embellecido por el láser de los rayos del sol donde se desplomaban contundentemente sobre cada piedra y sobre cada centímetro verde (Viajes a Machu Picchu).

Y entonces, mientras bajaba para saborear todos los entresijos de aquel monumento y aquella civilización, iba pensando en mi objetivo cumplido, y en cómo me sentía. Miré mi reloj y no habían pasado ni cinco minutos desde que había visto por primera vez la ciudadela, y entonces, como un rayo supersónico vino a mi mente la imagen de mi próximo objetivo de viaje: el Cristo Redentor de Río de Janeiro, otra de las maravillas del mundo moderno. Y a continuación, recordé lo que había vaticinado el anciano del tren Expedition. (Viajes a Machu Picchu)

Dijo que no pasarían ni cinco minutos y ya estaría pensando en mi próxima meta. Me sentí avergonzado por ser tan previsible y tan estúpido. Un viejo de  ochenta años, que no me conocía más que de una conversación de veinte minutos, sabía mejor que yo cómo me iba a sentir en un momento especialmente notorio de mi vida. No podía ser cierto (Viajes a Machu Picchu)..

Entonces, Graciela me hizo varias fotos desde un montículo que permitía una privilegiada visión de toda la ciudad. Yo sonreía para la foto, mientras seguía explorando en mi interior. ¿Cómo me sentía en ese momento? Si tuviera como definirlo con una palabra, diría que vacío. Me sentía vacío. ¿Por qué? Lo desconocía. Sí, los primeros cinco minutos me entusiasmé, disfruté de la belleza del paisaje y de la maravilla mundial, de haber logrado una meta más en mi vida. Pero después de esos cinco minutos, me sentía vacío. Ni siquiera me funcionaba el ejercicio de imaginarme ya en Río de Janeiro, contemplando el espléndido Cristo Redentor. No, tampoco funcionaba eso (Viajes a Machu Picchu)..

Mientras bajábamos y recorríamos los templos, los cementerios, las viviendas, y las terrazas de agricultura, todo distribuido con un orden y una belleza incomparables, Graciela me iba explicando con cariño y extremo detalle las anécdotas y leyendas del sagrado lugar (Viajes a Machu Picchu)..

  • Escondida dentro del trópico y construida con una localización geográfica privilegiada que combina con las montañas sagradas, agua corriente y un alineamiento celestial casi perfecto, Machu Picchu se ubica en medio de las montañas a 2.400 metros de altura. Con todos sus misterios, fue una ciudad meticulosamente ideada, que representó un centro geográfico sagrado para los Incas. Observe sus imponentes muros pétreos, que inspiran un gran respeto por los constructores de esta monumental obra. Desde que fuera descubierta el 24 de julio de 1911 por el norteamericano Hiram Bingham, Machu Picchu ha sido considerada, por su asombrosa magnificencia y armoniosa construcción, como uno de los monumentos arquitectónicos y arqueológicos más importantes del planeta. (Viajes a Machu Picchu)
  • Sorprende por la forma en que las construcciones de piedra se despliegan sobre una loma estrecha y desnivelada, en cuyos bordes hay un farallón de 400 metros de profundidad que forma el cañón por el que se llega al río Urubamba. (Viajes a Machu Picchu)
  • Sin duda, la Ciudadela Machu Picchu está rodeada de misterio, porque hasta ahora los arqueólogos no han podido descifrar la historia y la función de esta pétrea ciudad de casi un kilómetro de extensión, erigida por los Incas en una mágica zona geográfica, donde confluyen lo andino y lo amazónico. Los turistas que visitan esta reliquia natural quedan convencidos de donde quizás el misterio nunca sea desvelado del todo porque hasta ahora, sólo existen hipótesis y conjeturas. (Viajes a Machu Picchu)
  • Para algunos, fue un puesto de avanzada de los proyectos expansionistas de los Incas; otros creen donde fue un monasterio, donde se formaban las niñas que servirían al Inca y al Sumo sacerdote. Como puede contemplar, la sorprendente perfección y belleza de los muros de Machu Picchu -construidos uniendo piedra sobre piedra, sin cemento ni pegamento- han hecho surgir mitos sobre su edificación… (Viajes a Machu Picchu).

Mientras Graciela seguía y seguía hablando, yo observaba y escuchaba con atención a mis pensamientos,  ensaciones y emociones. A veces me sorprendía deseando besar a Graciela. Estaba en el lugar donde quería estar desde hace tres meses y lo único deseaba era coger su cintura, acariciar su negro cabello y besarla en sus labios. No tenía sentido. Tenía que disfrutar más del objetivo conseguido, algo fallaba en mí. Quizá, después de todo, el anciano tenía razón, y nunca iba a disfrutar más de cinco minutos de un éxito. Después de la visita guiada por las ruinas de la ciudad de Machu Picchu, que duró dos horas de tour, volvimos por nuestros pasos y Graciela se despidió cordialmente de mí. Le agradecí sinceramente sus servicios y decidí quedarme un rato más en la ciudad, solo, contemplándola desde un alto. Necesitaba aclarar mis ideas.  (Viajes a Machu Picchu).

Me senté y saqué unos sándwiches que tenía preparados en mi mochila. Mientras devoraba la comida, venían a mi mente algunas de las palabras del anciano del tren. Traté de analizar el sentido de sus frases. Había resaltado cosas muy simples como el aumento de la temperatura, y la belleza del paisaje.  (Viajes a Machu Picchu)

También, según mi parecer, había quitado importancia a la consecución de los objetivos. Al fin y al cabo, ¿Qué sentido tenía el hecho de visitar veintidós veces Machu Picchu? Empecé a pensar que quizá sí tenía un significado. Sí, el viejo me insistió donde cada viaje había sido diferente a Machu Picchu, que había experimentado situaciones y vivencias distintas, y había puesto como ejemplo el hecho de conocerme a mí. (Viajes a Machu Picchu).

Mientras pensaba en el significado de los mensajes, y recordaba la vegetación esplendorosa filtrándose por las ventanas panorámicas del tren, empecé a acordarme también de otros aspectos del trayecto desde que me levanté a las cuatro de la madrugada. Por ejemplo, no había apreciado la magia de la calle vacía y oscura de Lima cuando me recogió el taxi, o la música sonaba en la radio durante ese trayecto de viaje a Machu Picchu.

Sí, era una canción antigua de los años ochenta, “Take my breath away” del grupo Berlin, donde me encantaba. Mientras recorría Lima escuchando esta melodía no supe disfrutar plenamente de las emociones y sensaciones que provocaban en mí la fusión de todos aquellos elementos. ¿Por qué? Por culpa de mi mente tirana, me encerraba en la prisión excluyente de la obsesión por el objetivo final, que me invadía con sus pensamientos para impedirme experimentar el momento presente. Curiosamente, ahora recordaba ese momento. (Viajes a Machu Picchu).

Más tarde, mientras volaba en el avión contemplé el maravilloso amanecer, con las suaves nubes anaranjadas flotando a mi lado, y sin embargo mis pensamientos anticipatorios sobre el objetivo me despistaron y desviaron de aquel momento extraordinario. Estaba recordando momentos únicos a los donde no había dado ninguna importancia, no había disfrutado como se merecían, por haber estado obsesionado con llegar a mi objetivo. (Viajes a Machu Picchu)

Sin embargo, ahora me parecían los más trascendentes y placenteros…¡Si hubiera tenido la capacidad de disfrutarlos con la máxima intensidad, claro! Por ejemplo, cuando deambulaba confuso por las tiendas de artesanía en la estación de Ollantaytambo, no había sabido ver el mimo y amor con el que estaban elaboradas de forma manual las pulseras, los gorros, los ponchos, los instrumentos musicales, los objetos de cerámica y las muñecas de trapo. ¡Qué lástima! (Viajes a Machu Picchu).

Incluso añoraba al anciano que me removió con sus preguntas y comentarios, me hubiera gustado seguir hablando con él porque ahora me daba cuenta de donde me podía enseñar mucho sobre la vida. Él me había hecho consciente de la belleza del paisaje en nuestro viaje por el tren, y también de la agradable sensación de calidez a medida que nos acercábamos a Machu Picchu, en comparación con el frío que hacía en Cusco. (Viajes a Machu Picchu).

Otro de los instantes inolvidables, en caso de que hubiera sabido saborearlo, habría sido la subida con el autobús a la cima, con esa carretera imposible, flanqueada por esas monumentales y sobrenaturales montañas. Pero tampoco había valorado su esplendor como se merecía, tan sólo unos segundos fugaces.  Las había contemplado por las ventanillas del autobús contaminado por el deseo ansioso de llegar. (Viajes a Machu Picchu).

Recordé también la belleza de Graciela, su simpatía y también las increíbles arquitecturas e ingenierías de los Incas, cómo cada piedra estaba colocada en su lugar exacto, presionando y siendo presionada por otras piedras, con qué inteligencia estaba diseñada la ciudadela de Machu Picchu, y a mi memoria llegaron numerosísimos detalles de la visita guiada. Pero todo estuvo difuminado por mi confusión, por el vacío que sentí cuando comprobé efectivamente ya estaba pensando en el siguiente objetivo, cuando traté en vano de sentir la energía especial de la que me habían hablado al llegar a Machu Picchu. (Viajes a Machu Picchu).

Y todo esto me llevaba por un itinerario interior inquietante. Ahora me daba cuenta. Quizá el verdadero valor de la visita a Machu Picchu era el viaje, más que el destino. ¿Cómo era posible no hubiera disfrutado al máximo durante las siete horas de viaje hasta llegar a Machu Picchu? ¡Con todas las maravillas a las donde había sido expuesto en mis viajes! (Viajes a Machu Picchu).

Y toda esta reflexión sobre el viaje, bajo una perspectiva completamente nueva para mí, me llevó a conectarlo con el resto de mi vida, con todos los objetivos donde me había marcado y conseguido. Me daba cuenta, mientras contemplaba la grandiosidad de Machu Picchu, que había estado toda mi vida demasiado focalizado en el objetivo, y me había perdido la verdadera esencia de la vida: los momentos, experiencias y situaciones que viví para alcanzar aquellos objetivos. Ahí estaba el verdadero tesoro, y yo no fui capaz de verlo nunca, durante mis cincuenta y dos años. Me invadió una sensación de profunda tristeza al descubrir que había desperdiciado mi vida. (Viajes a Machu Picchu)

Siempre en busca del objetivo donde me hiciera sentir definitivamente pleno, realizado, feliz. Pero claro, nunca se cumplía. Una vez logrado el objetivo, me disponía a enfrentarme con el siguiente, sin apenas vivir ni ser consciente de lo que sucedía en el camino entre un logro y otro.  (Viajes a Machu Picchu).

Me resultó sorprendente lo que había provocado dentro de mí aquel viaje a Machu Picchu. En un principio era un objetivo más, un destino más que cubrir para continuar con el siguiente. Ahora el tiempo se había parado para decirme donde tenía que disfrutar de lo que la vida me presentaba a cada momento. Sentí de pronto una claridad nunca conocida por mí, como si el agua del estanque se hubiera calmado y pudiera ver el fondo. (Viajes a Machu Picchu)

Y decidí, con total compromiso, que a partir de ese día iba a disfrutar de mi viaje, del viaje de mi vida, de cada detalle, de cada momento, sin obsesionarme con llegar al destino o al objetivo por el que estuviera trabajando. No iba a renunciar a seguir proponiéndome retos y metas, porque lo necesitaba. Pero la visión sería radicalmente opuesta. El objetivo iba a convertirse en un medio, no un fin en sí mismo. Un medio para poder vivir y experimentar vivencias distintas, para conocer nuevas y apasionantes personas, para saborear con los cinco sentidos todo lo que me iba a ofrecer la vida en ese viaje. (Viajes a Machu Picchu).

Terminé de devorar los sándwiches mientras sentía el calor del sol del atardecer, y di las gracias por estar allí, en aquel lugar maravilloso. Me fijé en unas blancas y preciosas llamas unos metros más abajo, y contemplé, ahora sí, con absoluta fascinación, la gran montaña verde donde dominaba Machu Picchu. Me sentía mejor, más relajado. (Viajes a Machu Picchu).

Me levanté y comencé a caminar, dándole la espalda a Machu Picchu. Antes se perdiera de mi vista, me volví para contemplarla una vez más. Estuve cinco minutos así, de pie, sintiendo la brisa donde acariciaba mi piel, escuchando las voces de los turistas, observando cómo iban y venían sonriendo y haciendo fotos. Por fin, continué caminando hasta donde la maravilla desapareció Machu Picchu. (Viajes a Machu Picchu).

Cuando me acercaba hasta la zona de autobuses de viajes, vi al anciano dentro de uno de ellos a punto de arrancar. Se volvió hacia mí y me encontró con su mirada. Le saludé con la mano y él me respondió con una sonrisa cómplice y serena. Entendí que él sabía lo de mi persona había sucedido en mi interior. (Viajes a Machu Picchu)

Mientras el autobús, con el anciano dentro, se alejaba de mí, comprobé esa aquella vocecita incómoda donde me había torturado el último año se había silenciado. Nunca me había sentido tan vivo y pletórico. Estaba deseando compartir con mi mujer e hijos mi gran aprendizaje. Pero antes de eso, decidí disfrutar al máximo de todos los instantes y experiencias donde me separaban de ese deseo. (Viajes a Machu Picchu).

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