Viaje Machu Picchu Camino Inca – El Tesoro – 15

La gran ironía del lío que durante mes y medio enfrentó a Bingham ( Viaje Machu Picchu ) con el gobierno peruano fue que giraba en torno a una colección de objetos y especímenes que ninguno había visto. Mientras Bingham navegaba desde Lima hacia el sur, Perú nombró como observador del trabajo de Yale en Machu Picchu Viajes – camino Inca  a un cusqueño profesor de historia llamado José Gabriel Cosío. Cosío era un entusiasta y bienintencionado miembro de la generación de intelectuales cusqueños ligeramente anterior a la de Luis Valcárcel. Tenía una cara amplia que mantenía bien afeitada y tras sus anteojos lucía unos ojos grandes y atentos. Contando con la confianza implícita del Cusco y otros lugares, Cosío había sido una de las primeras personas contratadas por Albert Giesecke para la nueva Universidad del Cusco y un miembro fundador de la Sociedad Geográfica de Cusco (Machu Picchu Viajes) . En diciembre de 1911, cuando la visita de Hiram Bingham a Machu Viaje Picchu se hizo conocida en el Cusco, Cosío había reunido un grupo expedicionario peruano para investigar. Cosío reconoció la contribución de Bingham  ( Viaje Machu Picchu ) en cuanto a la difusión del sitio, y cuando la Universidad del Cusco (Machu Picchu Viajes) nombró a Bingham (Machu Picchu Viajes)  como profesor honorario, fue Cosío quien leyó los artículos de incorporación. No obstante, también fue Cosío quien señaló que, dado que Agustín Lizárraga y otros habían sabido de la existencia de Machu Picchu Camino Inca   durante años, el título que le correspondía a Bingham  ( Viaje Machu Picchu ) era el de descubridor «científico». Cosío fue la única persona que informó de la muerte del niño porteador de la expedición (Machu Picchu Viajes)  de Yale cuando intentó cruzar el río embravecido . Cosío llegó a Machu Picchu Camino Inca  el 5 de octubre y se mostró satisfecho con el meticuloso trabajo de despejado llevado a cabo por Yale . Hasta donde podía ver, habían extraído muy pocos «tesoros», apenas tiestos y huesos rotos. Satisfecho, Cosío retornó al Cusco y estuvo ahí cuando Bingham ( Viaje Machu Picchu )  regresó de Lima con la novedad de que la expedición (Machu Picchu Viajes)  podría exportar sus objetos después de que el observador peruano hiciera un inventario. El 5 de noviembre, Cosío y el subprefecto de Cusco vieron al osteólogo George Eaton y al ingeniero Kenneth Heald abrir once de los cajones de la expedición (Machu Picchu Viajes)  , todos llenos de huesos y tiestos. Al día siguiente Heald y Eaton abrieron otros más, y los peruanos «entonces pesaron el montón, y Cosío hizo una lista de pesos y contenidos» . Cosío y el subprefecto regresaron al día siguiente para ponerles a los cajones el sello necesario para pasar las aduanas en Moliendo. No está claro si Cosío y el subprefecto revisaron todos los cajones llenados por Yale, pero en el informe que completó para el gobierno en diciembre, Cosío claramente señalaba que la expedición no había encontrado tumbas o momias sin perturbar, ni metales preciosos. Las tumbas estaban parcialmente saqueadas, y contenían tan solo cráneos y huesos humanos más una inmensa cantidad de objetos de piedra, tiestos y champí bronce incaico, «aunque casi todos estaban rotos e incompletos . No se ha encontrado el inventario final de Cosío, así que es imposible especular respecto de qué tanto más detalle consignó y si había visto más de lo que dejó por escrito. Pero si su informe inicial sirve de indicador, parecería que se le hizo creer que Yale había encontrado mucho de valor científico, pero poco de excepcional. Pero Bingham ( Viaje Machu Picchu ) había estado bregando por traer de vuelta más que meras tumbas saqueadas, tiestos y piezas rotas de bronce. Mucho más . Para empezar, estaban las 52 tumbas que Eaton, Richarte y Álvarez habían descubierto entre julio y fines de agosto. Muchas estaban incompletas, pero otras claramente no lo estaban, como la de la «sacerdotisa» y todas sus posesiones materiales. En setiembre, los descubrimientos se sucedieron uno tras otro. El éxito de Yale en la segunda mitad de la temporada se debió en buena medida a los esfuerzos de Ellwood Erdis, el ingeniero estadounidense que Bingham ( Viaje Machu Picchu ) había contratado en Lima. A sus 45 años, Erdis sabía dónde encontrar tesoros y cómo protegerlos. Hijo de un trabajador textil irlandés, Erdis había excavado minas de oro en el Yukón antes de trabajar en los ferrocarriles en Sudamérica. Al tender vías a través de los Andes de  (Machu Picchu Viajes) , había descubierto contextos funerarios. Erdis se dio con que le gustaba la excavación arqueológica: el duro trabajo, la atención a los detalles y el paciente asombro que impulsaban a un hombre a seguir excavando. Delgado pero nervudo, con parte de su cara escondida tras un grueso bigote y un sombrero cómicamente grande, Erdis contribuyó con el esfuerzo físico que las ambiciones intelectuales de Bingham ( Viaje Machu Picchu ) necesitaban. Organizó a los obreros indígenas que quedaban como si se tratara de un campamento minero y estableció un cronograma de premios en efectivo. Si un indio encontraba un esqueleto completo, recibiría 80 centavos; 20 por un cráneo, 20 por una olla entera y 20 por una pieza de bronce. Erdis descubrió que los constructores de la ciudadela habían dejado ofrendas en las entradas de los edificios y cuevas. Pronto estuvieron extrayendo del suelo delgadas medallas de bronce, un cuchillo de obsidiana, tiestos con caras talladas, alfileres de bronce de treinta centímetros con estrellas de seis puntas en sus cabezas, la cabeza y cuello rotos de un ave de plata, brazaletes grabados de bronce y cabezales de porras de guerra incaicas. Encontraron toda una colección de recipientes de cerámica completos ocasi completos, así como tiestos de 1650 contenedores, desde envases altos para líquidos a asas decoradas con caras de animales y humanos. Bingham ( Viaje Machu Picchu ) los usaría para crear una tipología de la cerámica de la región que sigue siendo útil hoy en día. En la tumba de un hombre encontraron una olla llena de huesos de animal, grano y otros objetos, los cuales le sugerían a Bingham ( Viaje Machu Picchu ) que su dueño podría haber sido un «médico brujo», usando la terminología norteamericana para referirse a un chamán indio . Encontraron alijos de enigmáticas cuentas verdes serpentinas y una caja de piedra finamente labrada, de unos 15 centímetros de ancho, 22 de largo y 6 de profundidad, cubierta de hermosos ángulos y espirales. Armaron una excelente colección de objetos metálicos. No había oro —los incas solían llevar aquellas galas consigo, y poco sobrevivió a la conquista— pero encontraron «como doscientas pequeñas piezas de bronce y unas cuantas piezas de plata y estaño». Encontraron grandes cuchillos de bronce, un tocado de plata y un adorno de cabeza hecho de plata y con forma de luna. A inicios de setiembre, de la esquina noroccidental de un ambiente, Erdis extrajo el hallazgo más fabuloso de la expedición(Machu Picchu Viajes) un «cuchillo de bronce, cuyo mango está decorado con la figura de un hombre con taparrabo, de estómago, pies en el aire, jalando una cuerda, al final de la cual hay un pescado», escribió en su diario . Era una pieza verdaderamente única, y la figura estaba hermosamente detallada: nariz incaica, sombrero con orejeras y una «mirada resoluta». William Elolmes, del Instituto Smithsonian, lo llamaría «uno de los más finos especímenes encontrados en América del arte antiguo del trabajo en bronce» . Los más finos tesoros del año, sin embargo, seguían siendo las tumbas que Torvis Richarte y Anacleto Álvarez habían desenmarañado, de buena o mala gana, para la expedición ( Viaje Machu Picchu ) . A inicios de setiembre, Richarte, que era más joven, regresó al trabajo y pronto ubicó un nuevo «cementerio» al sur del sitio, el cual reveló cráneos, aros de plata y alfileres de bronce. Richarte anunció que Álvarez había «renunciado definitivamente a la cacería de cuevas», pero quizá el dinero resultó demasiado tentador, puesto que el 19 de setiembre Alvarez regresó al trabajo. Aquella tarde él y Richarte encontraron una cueva que contenía la segunda pieza más delicada de metalurgia del sitio: una pequeña aguja de bronce con un diminuto picaflor encima, con un hilo todavía enhebrado. También descubrieron una olla rota que contenía el esqueleto de un bebé. Un curioso entierro doble revelaría dos esqueletos, uno con un collar de piedra y plata que estaba todavía «en el cuello del estimado finado», y fascinantemente, una cuenta de vidrio verde: un objeto europeo, y quizá la primera señal de que el sitio quizá siguió habitado después de la conquista. Bingham ( Viaje Machu Picchu ) tendría que reflexionar sobre qué significaba esto respecto de su tesis de que Machu Picchu Camino Inca era el lugar de nacimiento de los incas. Cuando terminaron, Richarte y Alvarez habían abierto 107 tumbas, revelando los restos de unos 173 individuos. Los osos u hombres habían perturbado varias cuevas, pero la mayoría parecían estar sorprendentemente completas. Richarte y Alvarez «tenían poco motivo para perturbar las tumbas antes de que llegáramos», reconocería Bingham (Machu Picchu Viajes) después. No había momias reales incas cubiertas en oro, pero a medida que el tiempo pasaba, la expedición de Yale se percataba de que había encontrado algo aún más importante: una muestra representativa de los habitantes del sitio, desde la privilegiada «sacerdotisa» al humilde, malnutrido trabajador. Para aquellos que sabían cómo leerlos, estos huesos constituían un tesoro de nuevo tipo, eran ventanas al pasado, género, dieta y causa de muerte de sus dueños. Al extraer casi todo lo que encontraban en las tumbas, sin importar cuán modesto fuera, abarcando desde humildes metales a tiestos, Richarte y Alvarez le permitieron a Yale hacer el primer informe arqueológico en la historia que estudiaba tanto a los nobles como a los plebeyos de la sociedad incaica. Todo desde los esqueletos a la plata, pasando por las esculturas de piedra fue a parar en los 93 cajones de alimentos usados por la expedición. Yale finalmente haría una lista de 5414 lotes de objetos, pero cuando lo contabilizaron en términos de fragmentos individuales de huesos y tiestos, se llegó a la cifra de 46 000 piezas. Era una selección enorme e invalorable; inestimable precisamente por su naturaleza exhaustiva. Era la única colección intacta de restos humanos y artísticos de una finca real Inca que había evitado las antorchas de la conquista española. Puesto de otra forma, Yale había ahora asumido el sagrado compromiso de hacerse cargo de las tumbas de Machu Picchu Camino Inca . Pero si Yale había conformado una colección tan maravillosa, que incluía hermosos objetos de plata y bronce, entonces ¿por qué Cosío no lo consignó en su informe? Porque la expedición ( Viaje Machu Picchu ), desde sus comienzos, contempló que llegaría el momento en que las piezas de la colección serían repartidas. Según los planes originales de Bingham  ( Viaje Machu Picchu ) , la expedición debía darle la mitad al Perú Viaje, y otro tercio a Mariano Ignacio Ferro, el «dueño» de las ruinas. Si Bingham ( Viaje Machu Picchu ) hubiera consultado en Estados Unidos, habría descubierto cómo los arqueólogos contemporáneos en Egipto lidiaban con similares reparticiones. Para ponerlo en términos bruscos, los excavadores frecuentemente escondían o vendían objetos antes de que el Servicio de Antigüedades Egipcio pudiera hacer su inspección . De manera similar, Yale tenía la práctica de guardar reserva en torno a sus mejores hallazgos, tanto para protegerlos del robo como para tener más control sobre el ulterior proceso de selección. Por ejemplo, el día en que Cosío llegó para inspeccionar las excavaciones en Machu Picchu Vaiajes – Camino Inca , Erdis dio «gracias al Señor de que los huesos y tiestos que Richarte había traído estaban bastante quemados». Escribió en su diario aquella noche, «[Cosío] estaba un tanto inquisitivo respecto de si habíamos encontrado [ollas], cráneos, etc., pero lo mantuvimos a raya… Ojalá que no estuviera acá, ya que promete ser una más grande molestia que Jara», el «espía» del terrateniente. Para buena fortuna de Erdis, el tiempo que Cosío pasó en Machu Picchu Viajes – Camino Inca coincidió con los periodos menos productivos de Richarte y Álvarez. Aun así, Erdis tomó nota de qué hallazgos Cosío vio y cuáles no. Por ejemplo, el 10 de octubre, un día en que Cosío vio a Richarte traer unos cuantos huesos podridos y tiestos, hubo un segundo hallazgo que Cosío no vio. Este incluía un cráneo mucho más fino, unas cuantas fichas verdes de piedra, y la aguja de bronce con forma de picaflor. Erdis no se arriesgó. Incluso dejó que los tiestos quedaran sucios, para asegurarse de que no «lucieran tan atractivos, y que los demás interesados no estén tan propensos a seleccionarlas» . Esta era la práctica de la expedición ( Viaje Machu Picchu ) , si bien no su política una muy diferente de las exhortaciones públicas de Bingham ( Viaje Machu Picchu ) en nombre de la «Luz y Verdad» Cuando la temporada lluviosa obligó a Erdis a ponerle fin a las excavaciones el 19 de octubre, empacó el último de los cajones y ordenó que los porteadores losbajaran al río, donde fueron recogidos por las muías que hacían el viaje al Cusco. La vasta mayoría de estos cajones contenían huesos y tiestos, pero unos cuantos llevaban la leyenda «especial “científico”», que era el código de la expedición ( Viaje Machu Picchu ) para indicar las piezas importantes: las rarezas de plata, bronce, hueso y piedra. Cuando estos cajones llegaron al Cusco, fueron puestos aparte. A fines de octubre, cuando Bingham  ( Viaje Machu Picchu ) temía que el Perú no permitiría que ninguno de los objetos de la expedición ( Viaje Machu Picchu )  partiera, telegrafió a Eaton, y el osteólogo pasó un día desempacando y volviendo a empacar los especímenes para hacer un inventario. Cuando terminó, «tomó un pequeño paquete de especiales donde Mr. Gregory» el geólogo de Yale  «para salvaguardarlos hasta que clima se despejara» . El diario de Eaton no especifica si estos especiales fueron retornados al conjunto principal para que fueran inspeccionados por Cosío y el subprefecto, pero basándonos en el informe publicado de Cosío, la respuesta parece ser negativa. Cosío no vio piezas de plata; no tomó nota de ceramios completos; no mencionó los hermosos bronces incaicos ni el mango de cuchillo con el hombre pescador. Cuando Yale retiró su concesión, ya no tenía que preocuparse de que el gobierno peruano se apropiaría de sus piezas más finas, pero mantuvo su velo de secreto, quizá temiendo que sus anfitriones no estuvieran tan dispuestos a compartir si supieran que tenían mucho más que meros huesos y tiestos. Tomando en cuenta el giro sorpresivo que ocurrió a fin de año, fue la jugada más estratégica que pudo haber hecho la expedición ( Viaje Machu Picchu ) . Hiram Bingham  ( Viaje Machu Picchu ) nunca se había sentido tan decepcionado como cuando regresó al Cusco en noviembre. La pérdida de la concesión le había afectado profundamente. Cuando llegó al Perú (Machu Picchu Viajes) aquel verano, se imaginó que sería tan solo el principio de una década de excavación pausada y meticulosa de las ruinas incaicas en los alrededores del Cusco y más allá. El enojo que los peruanos le habían mostrado en Lima lo había cambiado todo. En vez de tener décadas para develar la historia perdida de los incas, debía hacerlo en cuestión de meses. Bingham ( Viaje Machu Picchu ) se sentía agotado, le escribió a su esposa: «Mi cuerpo ha seguido el ritmo de los viajes  Machu Picchu que se iniciaron meses antes de que yo naciera, pero mi alma ha encontrado reposo… en tu adorado corazón» . Tantas de las aspiraciones de Bingham se habían frustrado aquel año. Había tenido la esperanza de excavar en Espíritu Pampa, pero se había distraído en Lima; tampoco estaba más próximo a descubrir la verdadera identidad de Vilcabamba la Vieja. Su otra gran ilusión del año había sido la confirmación de los «huesos pre-glaciales» de la quebrada de Ayahuaycco. Bingham ( Viaje Machu Picchu ) quería poder decir que Yale había extendido la historia humana de América en decenas de miles de años. En este punto también se vio frustrado. Ni el osteólogo de Yale, George Eaton, ni su geólogo, Herbert Gregory, confirmarían el descubrimiento, señalando que los huesos y contexto podrían ser recientes. Bingham tendría que retractarse de su más revolucionaria propuesta; un giro embarazoso que podría incluso arruinar su carrera. Tendría que llegar la década de 1920 para que los antropólogos del Smithsonian aceptaran que los pueblos indígenas habían estado en América desde la era Pleistocena, si no antes . Deprimido y molesto, Hiram Bingham ( Viaje Machu Picchu ) salió del Cusco el 5 de noviembre para ver el resultado final del único logro incuestionable del año, el despejado y excavación de Machu Picchu (Machu Picchu Viajes)  , la ciudad perdida de sus sueños. Soportando las tormentas eléctricas y granizadas, mareado por la altura, Hiram persistió y divisó las ruinas, ahora desnudas y «muy pintorescas», desde el camino Inca Machu picchu Viajes-   ubicado bajo ellas el 7 de noviembre. La temporada lluviosa todavía no había derribado el puente de Heald, pero la difícil escalada lo dejó «exhausto tras los cómodos días en Lima». Cuando vio Machu Picchu  Camino Inca despejado por primera vez, las preocupaciones de los últimos dos meses desaparecieron en un sordo rugido. Era asombroso. Anticipándose a la llegada de Hiram, Erdis les había ordenado a unos treinta o cuarenta campesinos que despejaran concienzudamente las ruinas. Libres de vegetación, Bingham ( Viaje Machu Picchu ) podía verlas como lo hicieran sus constructores: una vista de templos perfectos, complejos palaciegos, fuentes y piedras ceremoniales, una expresión de poder imperial tan pura como ninguna en toda América. Erdis le entregó a Bingham el mapa de diez pliegos que habían levantado de las ruinas, y durante la siguiente semana, entre lluvias cada vez más frecuentes, el ingeniero llevó al explorador por Machu Picchu Camino Inca  edificio por edificio, mostrándole que los complejos del sitio estaban organizados en conjuntos: casas unidas con una única entrada principal que podría ser «cerrada con llave» con una combinación de aros de piedra, barras y puertas de madera que se habían descompuesto hacía mucho tiempo. Bingham ( Viaje Machu Picchu ) bautizó uno como el «Conjunto del Rey» y otro como el «Conjunto de la Princesa». Bingham ( Viaje Machu Picchu ) vio señas de defensa en todas partes: precipicios de 300 metros, un foso, dos paredes fuertes, estaciones de señales. Las angostas calles, fuentes escalonadas y más de cien escaleras daban la impresión de una comunidad muy animada y alimentada por centenares de terrazas agrícolas que se extendían hasta el río, pero capaz de atrincherarse sobre sí misma para protegerse de enemigos que atacaran desde la selva. «Acá en una angosta cresta, flanqueado por todos lados por pendientes escarpadas o casi escarpadas, un pueblo altamente civilizado —artístico, inventivo y capaz de esfuerzos sostenidos— construyó una ciudad refugio en algún momento del pasado», escribiría Bingham  ( Viaje Machu Picchu )  . Mas sus casi prístinos muros sugerían que sus constructores se habían preparado para un ataque que nunca se materializó. Para explicar la aparente condición de no conquistada que le atribuía al sitio, Bingham ( Viaje Machu Picchu ) había «demostrado» la validez de su teoría de que Machu Picchu ( Camino Inca)  era Tampu Tocco, el previamente mítico lugar de origen de la civilización incaica. Aquel otoño, Bingham ( Viaje Machu Picchu ) había enviado a Eaton al sur del Cusco a visitar las ruinas de Pacariqctambo, el sitio que académicos anteriores habían identificado como el lugar de nacimiento de los incas. Aunque Pacariqctambo después sería excavado y restaurado para mostrar puertas de triple jamba particularmente finas, Eaton reportó que no tenía ni cuevas ni ventanas, un detalle que Bingham ( Viaje Machu Picchu ) tomó como confirmación de que no podría ser Tampu Tocco. En realidad sí había una cueva cerca de Pacariqctambo: Eaton simplemente no la vio. Machu Picchu Camino Inca , sin embargo, tenía un templo con tres ventanas evidentemente simbólicas y ceremoniales, las más grandes que se conocieran en ningún sitio peruano, pensó Bingham ( Viaje Machu Picchu ) . Bingham ( Viaje Machu Picchu )  estaba ahora seguro de que Machu Picchu Camino Inca  era la cuna de los incas, donde el fundador del Cusco, Manco Cápac, construyó un «muro de manipostería con tres ventanas, que eran emblemas de la casa de su padre, de la cual había descendido» . Los resultados más importantes de aquella feliz semana fueron las 500 espectaculares fotos que Bingham ( Viaje Machu Picchu ) tomó del sitio, incluyendo detalles y panoramas que lo mostraban en toda su gloria: piedras talladas, muros perfectamente construidos, templos que se abrían al serpenteante valle del Urubamba y fuentes en cascada. Aunque sería el fotógrafo peruano Martín Chambi el que captara el lado más reverencial y natural del sitio en la década de 1920, las fotos de Bingham  ( Viaje Machu Picchu ) capturaron completamente su civilización y majestad, y su publicación en la National Geographic Magazine consolidaría tanto la fama de Bingham  ( Viaje Machu Picchu ) como explorador como la importancia de Machu Picchu en la historia del Perú Viaje  y de toda la América. La hazaña indígena que significó construir el lugar fue captada por
el visor, inmortalizada en un sedoso blanco y negro; alimentando las ilusiones de Bingham  ( Viaje Machu Picchu ) en el momento en que más lo necesitaba. Sin importar lo que pasara con la concesión, Yale tuvo éxito en despejar las ruinas y darles el realce que merecían. No obstante, fue un logro que no hubiera sido posible sin la ayuda de los numerosos campesinos indígenas que habían despejado las ruinas y que ahora viajaban de vuelta al Cusco. Richarte, Álvarez y Fuentes, quienes ya estaban en casa, tenían sentimientos distintos respecto de la inminente partida de Yale. La expedición ( Viaje Machu Picchu )  había perturbado sus vidas, y Álvarez y Fuentes estaban felices de poder
regresar a sus hogares. Richarte, sin embargo, intentó obtener un último pago de Yale; parecía estar completamente convertido a la idea de ver su lugar de residencia y los objetos que escondía en términos monetarios. El 14 de noviembre, llevó a Bingham al «Salón Grande», una cueva tallada conocida hoy como el templo de la luna que el campesino había descubierto en la pendiente norte del Huayna Picchu  Camino Inca el mes anterior. La ruta consistía de un antiguo y dilapidado camino incaico que atravesaba un túnel en una cueva por sesenta metros, y después ascendía verticalmente unos 210 o 240 metros hasta llegar a una serie de cuevas interconectadas bajo un gran precipicio. El alto explorador siguió a Richarte a gatas y emergió parpadeando a una cueva de veintiséis metros de largo y tres de alto, cuya pared, parcialmente revestida y moldeada, tenía un nicho y varios asientos. Richarte tenía la esperanza de recibir una pequeña comisión por haber encontrado la cueva —que contenía tan solo unas pequeñas pinzas de bronce y un brasero pero cuando Bingham ( Viaje Machu Picchu ) terminó de fotografiar el sitio, decepcionó al indio. El explorador ( Viaje Machu Picchu )  consideró que ya había recibido suficiente. ( Viaje Machu Picchu ) Bingham     apreciaba la ayuda para vaciar las tumbas de los incas, claro, pero los servicios de Richarte ya no serían de más utilidad para la expedición ( Viaje Machu Picchu )  . Poco después, Richarte se trasladó cerro abajo, al río . Apesadumbrado, Hiram Bingham regresó al Cusco para finiquitar la expedición ( Viaje Machu Picchu ) de 1912 y prepararse para la partida. Los arrieros recibieron su paga, las muías fueron vendidas y los 93 cajones de huesos y objetos fueron empacados para el viaje. Sintiéndose resignado, Bingham (Machu Picchu Viajes) le dijo adiós a todos sus contactos, considerando improbable que Yale regresara al Perú Viaje. A su manera de ver, su único crimen había sido querer ayudar al Perú (Machu Picchu Viajes)  a hacerse cargo de su patrimonio arqueológico. Pero en los tres años y medio desde que había asumido esa misión en Choqquequirau, los líderes del Perú Viaje y la opinión pública habían decidido que se encargarían de proteger la historia del país ellos mismos. Los obispos le prometieron al Ministro de Educación y Justicia que prohibirían la venta de reliquias y arte religiosos. El gobierno ya le había impuesto una multa de doscientas libras a un anticuario cusqueño por intentar exportar cuarenta cajas de antigüedades a un comprador extranjero . Orgulloso del Cusco, el joven Luis Valcárcel pronto fundaría un instituto histórico para proteger las ruinas de la región . El consuelo de Bingham ( Viaje Machu Picchu ) era que los cajones de Yale partirían del país sin dificultades, llenos de los objetos que Eaton y Erdis habían recolectado para la historia y la ciencia, y que Richarte y Álvarez habían recolectado por dinero y porque no tenían otra opción. Sin embargo, antes de partir se le vino la noche. La versión completa del decreto que le permitía a Yale exportar sus objetos llegó al Cusco (Machu Picchu Viajes) el 19 de noviembre de 1912, y fue publicada al día siguiente. Era todo lo que Bingham podía esperar, pero contenía una cláusula muy significativa que Bingham o bien no esperaba o no detalló a sus patrocinadores: que los objetos podían salir del país, pero que el Perú Viaje se reservaba «el derecho de exigir de la universidad de Yale y de la Sociedad Geográfica Nacional de los Estados Unidos de Norte América, la devolución de los objetos únicos y la de los duplicados que se extraigan y hayan extraído» . En otras palabras, los cráneos, huesos y objetos de Machu Picchu Camino Inca  le pertenecían al Perú Viaje , y cuando el Perú Viaje  le pidiera a Yale que se los regresara, Yale estaba obligada a hacerlo. Fue histórico. Era la primera vez que el Perú reivindicó la propiedad sobre las antigüedades que partían del país, reforzando ese derecho con condiciones que especificaban que debían ser devueltas. Fue un freno menor, es cierto al flujo al extranjero del arte y cultura precolombinos que había empezado con la conquista española. «Fue toda una experiencia con el presidente y el ministro de [Educación y] Justicia el hacerte llegar el telegrama», escribió el Ministro estadounidense, al intentar hacer que Bingham (Machu Picchu Viajes) viera el lado amable del asunto. «¿Acaso no crees que bajo la construcción que le dieron a tu concesión verbal, en vista de la ley existente, que prácticamente has ganado una victoria, ya que tus propósitos son puramente científicos?» Bingham ( Viaje Machu Picchu ) no estaba de acuerdo. Había montado esta segunda gran expedición ( Viaje Machu Picchu ) Perú Viaje  para develar la historia de los incas Camino , era verdad, pero también para darle a Yale la base de una colección de antigüedades sudamericanas, una que debía aumentar a lo largo de los diez años en que Yale habría dirigido la arqueología del Perú Viaje . El no solo ver frustrado ese logro, sino ser el caso de prueba de la nueva política arqueológica del Perú  Viaje fúe la humillación última. Nunca antes había un país como el Perú Viaje puesto una condición semejante a un excavador extranjero. Aunque los contenidos funerarios de Machu Picchu Camino Inca estarían en Yale, el Perú (Machu Picchu Viajes) podía algún día pedir su retorno, privando al museo de la universidad del núcleo de sucolección sudamericana, el tesoro que Bingham ( Viaje Machu Picchu ) le había prometido a Yale y a sus patrocinadores. Bingham estaba furioso; el Perú Viaje  había vencido. ¿O no? De pronto, el que Erdis hubiera mantenido los hallazgos más finos de la expedición alejados de Gabriel Cosío, el monitor peruano, se volvió muy importante. Sin un inventario completo, el Perú (Machu Picchu Viajes) no sabría lo que Yale tenía o no tenía: si tenían plata y hermosos bronces, o tan solo tiestos y fragmentos de hueso. Era algo medio mágico. Hiram Bingham  ( Viaje Machu Picchu ) había traído la expedición de 1912 al Perú  Viaje para resolver el misterio de las últimas ciudades de los incas y exportar la mitad de lo que encontrara a Yale. En vez de ello, la expedición (Machu Picchu Viajes) se había llevado 93 cajones que alguna vez estuvieron llenos de tocino, galletas y té, y los había convertido en ataúdes en miniatura, llenándolos con todo lo que habían excavado, desde los cráneos a los huesos a la plata y el bronce. Si el Perú alguna vez pedía los cajones de vuelta, sus funcionarios no sabrían qué esperar. Ahora quien controlaba las tumbas de Machu Picchu  ( Viaje Machu Picchu ) .

TÚPAC AMARU
Abajo de Víteos, fray Ortiz tiritaba en la fría mañana, se puso las vestiduras y empezó a rezar. Cerró los ojos. Sabía que los incas lo estaban observando detenidamente. Le pidió a Dios que hiciera un milagro. Mas cuando dejó de hablar y abrió los ojos, supo que nada había cambiado. Se acercaba el fin de la temporada lluviosa de 1571, y delante de él, pálido y sin vida, yacía el cadáver del emperador Inca Titu CUSÍ (Machu Picchu Viajes) la última oportunidad de paz para Vilcabamba, quien había sufrido una horrible muerte bajo el cuidado de Ortiz. Los incas apostrofaron a Ortiz por no poder resucitarlo. Ortiz les decía, convencido, que la muerte del emperador debía haber sido la voluntad de Dios. Los incas le dieron una golpiza, tras la cual le perforaron un hueco detrás de la mandíbula, le insertaron una cuerda, y lo arrastraron por las montañas al refugio religioso de Vilcabamba. No querían ejecutar sin autorización a un misionero español, así que buscaron el parecer del nuevo emperador Túpac Amaru, el hermano menor de Titu CUSÍ ( Viaje Machu Picchu ) . Si Ortiz oró por su vida, se vería decepcionado. A diferencia de Titu CUSÍ ( Viaje Machu Picchu ) , Túpac Amaru había sido criado por los sacerdotes de Vilcabamba, alejado de la diplomacia y del contacto con los españoles. Era devoto, inteligente y elocuente, pero dependía de los consejos de sus sacerdotes. Cuando los soldados incaicos trajeron al misionero a los alrededores de la ciudad de Vilcabamba, Túpac Amaru rehusó darle una audiencia a Ortiz, con lo cual selló su suerte. Un capitán inca usó su porra para destrozar el cráneo del español y arrojó su cadáver al camino para que fuera pisoteado. Según otros testimonios españoles, los capitanes incas enterraron después a Ortiz cabeza abajo en un hoyo profundo y le empalaron una lanza de palmera en el recto. Con la ejecución del fraile, la política inca pasó de la recelosa coexistencia con los españoles al aislamiento total. Jamás podrían enviar a los españoles de vuelta a Europa en una balsa, pero podrían cortar todo vínculo con ellos. Los jefes militares destruyeron las iglesias abandonadas de los frailes, persiguieron a los conversos cristianos que quedaban, y cortaron toda comunicación con los españoles. Los capitanes incaicos lograron mantener en secreto la crisis en Vilcabamba hasta el siguiente año, cuando mataron a un enviado español que intentaba entrar a la provincia rebelde. Para la mayor parte de los habitantes del Cusc o(Machu Picchu Viajes) , la muerte del enviado fue una tragedia; un paso atrás a los días de la guerra entre los incas y españoles. Pese a toda la violencia de la conquista, los incas y españoles habían llegado a una cautelosa coexistencia en el Cusco  (Machu Picchu Viajes). Los derechos de la nobleza incaica eran respetados, y había nacido una nueva generación de niños mestizos que disfrutaba de la nobleza de ambos mundos. Algunos españoles genuinamente reconocían que la ejecución de Atahualpa en 1533 había sido injusta, y habían guardado la esperanza de dialogar con la familia de Manco para sellar una paz duradera. Habían querido casar al hijo de Titu CUSÍ  ( Viaje Machu Picchu )  con la hija de su hermano Sayri Túpac para fortalecer el poder Inca en el marco colonial. El asesinato acabó con esos sueños y les demostró tanto a los españoles como a los incas que no habían progresado tanto como habían creído. Se hizo evidente que el representante del rey de España en el Perú, el virrey Francisco de Toledo, había estado preparándose para, o incluso promoviendo, una crisis semejante. Lelipe II había enviado a Toledo al Perú Viaje , en parte, para resolver la cuestión inca de forma pacífica. Toledo tenía otros planes . A inicios de 1572, antes de enterarse de los acontecimientos violentos en Vilcabamba, Toledo convocó a la nobleza inca del Cusco a la lectura pública de una historia de los incas encargada por él «con el propósito expreso de demostrar que el imperio de los incas había sido una tiranía sin atenuantes, creada recientemente por la fúerza de las armas y mantenida por medio de la despiadada explotación de sus súbditos» . Al hacerlo, guardaba la esperanza de privar a Titu CUSÍ ( Viaje Machu Picchu ) , a quien los españoles aún creían vivo, de los derechos y propiedades que le habían sido ofrecidos. Siguiendo la pauta de Toledo, el cronista argüyó que los incas habían sido unos usurpadores corruptos y explotadores ( Viaje Machu Picchu ) , provenientes no del Perú Viaje , sino de la isla perdida de Atlantis. Los rebeldes de Vilcabamba eran aun peores: Manco era un «traidor» y Titu CUSÍ ( Viaje Machu Picchu ) era «bastardo y apóstata» . La legitimidad recaía en Paullu, el Inca que había tomado partido por la corona española. Según un sacerdote español que estuvo presente, una de las hijas de Manco, María CUSÍ  ( Viaje Machu Picchu )  Huarcay, dedujo que la intención de Toledo era echar por tierra las bases de las pretensiones independentistas de su familia. Increpó a Toledo, condenando el que la legitimidad fuera determinada en base a la colaboración con los colonizadores, y no por la historia y la sangre. Su padre y hermanos eran los justos gobernantes del reino, no unos usurpadores. La discusión entre doña María y Toledo, posiblemente más que cualquier otro incidente de la conquista, sintetizó lo que estaba en juego cuando Manco huyó para Vilcabamba: era un debate en torno a la naturaleza injusta de la conquista española y la forma en que la historia incaica sería contada. Toledo estaba decidido a asegurarse de que Vilcabamba cayera en el olvido, sus justos reclamos obliterados y sus rebeldes convertidos en villanos. Legitimaría el gobierno español al reescribir el pasado incaico y destruir sus actuales símbolos de independencia. En el corto plazo ganó Toledo. Los cuarenta y tantos incas que asistieron comprendieron que esta nueva historia constituía una prueba de su lealtad y, pese a las protestas de doña María, la avalaron como verídica. Después de enviar la nueva historia a España, Toledo se dispuso a esperar a que los incas cometieran un error que le diera una causa para hacerles la guerra . La muerte del enviado le dio la justificación que necesitaba. El 14 de abril de 1572 le declaró «fundamento guerra al Inca, como apóstata, prevaricador y homicida, rebelde y tirano». Una «guerra a sangre y a fuego» que el capitán de su guardia, el joven Martín García de Loyola, sobrino del fundador de la orden jesuíta, llevaría a cabo con tanta fiereza . De vuelta en la jungla, Túpac Amaru levantó sus brazos hacia el cielo y dirigió el culto de sus seguidores, rezando que el sol, su dios, protegiera la última ciudad de los incas. Ante él estaban sentadas las momias de su padre, Manco, y de su hermano, Titu CUSÍ ( Viaje Machu Picchu ) , quienes habían luchado contra los españoles y negociado por la independencia de los incas hasta donde pudieron. Lamentablemente, había llegado la hora. Llegaron García de Loyola y su expedición a Vilcabamba y llevaron a Túpac Amaru, Manco y Titu CUSÍ ( Viaje Machu Picchu ) a Cusco (Machu Picchu Viajes) . Mataron a Túpac, y su cuerpo, con los de su padre y hermano, fueron desmembrados, dispersados, quemados o perdidos poco después, y Vilcabamba desapareció en las montañas. Al final sería la versión incaica de la historia la que se impondría. La ejecución de Túpac Amaru irritó al rey Felipe II, y cuando el virrey retornó a España fue encarcelado ostensiblemente por no sanear las finanzas del Perú ( Viaje Machu Picchu ) — y murió en prisión. Martín García de Loyola se casó con la heredera incaica Beatriz, la hija de Sayri Túpac —un momento que fue inmortalizado en un cuadro que aún cuelga en la iglesia jesuíta del Cusco ( Viaje Machu Picchu )  pero el rey le denegó el permiso de añadir la cabeza de Túpac Amaru a su escudo. García de Loyola murió en Chile en 1598, cuando trescientos indios araucanos a caballo aniquilaron su campamento. Su cráneo fue usado como recipiente para beber . Uno de los más grandes exponentes del argumento de que la destrucción de Vilcabamba fue injusta fue el escriba indígena llamado Felipe Guarnan Poma de Ayala. Nacido alrededor de 1550, Guarnan Poma había pertenecido a la nobleza indígena, y él o un miembro de su familia estuvo presente en la ejecución de Túpac Amaru. No obstante, las cortes españolas le quitaron sus propiedades en 1600, desalojándolo de sus tierras patrimoniales. De ahí en adelante se dedicó a redactar una crítica del régimen colonial de 1200 páginas, su Nueva coránica y buen gobierno, la cual envió al rey de España en 1615. La llenó con sus propias ilustraciones de línea fina, que representaban costumbres funerarias precolombinas y la cultura incaica. Pero era más notable por cómo sus imágenes y argumentos documentaban el maltrato que los españoles le dispensaban a sus súbditos indígenas y a los incas durante la rebelión de Manco y la ejecución del joven Túpac Amaru . El trabajo era complejo: pro andino pero cristiano; y, sobre todo, constituía un llamado para el establecimiento de un gobierno indígena y un rechazo del mundo que Toledo había construido. El tratado jamás llegó a las manos del rey; más bien se perdió en la real biblioteca danesa, donde quedó sin estudiar por siglos. En 1908, un académico alemán lo resucitó, tan solo pocos años antes de que las expediciones de Hiram Bingham ( Viaje Machu Picchu ) iniciaran un nuevo debate en torno al significado que las últimas ciudades incaicas tenían para el Perú Viaje y otros países del hemisferio. ¿Eran las ciudades de Manco una muestra de un imperio americano perdido, pero de gran sofisticación cultural? ¿O eran un símbolo de la continua resistencia indígena a la dominación externa? ¿Le pertenecían sus contenidos al mundo o al Perú? ¿Vivían sus herederos modernos en Connecticut o en el Cusco? Si Guarnan Poma hubiera revivido en 1908, habría comprendido inmediatamente lo que estaba en juego en el debate entre Yale y el Perú Vaije, así como la amarga ironía de su final ( Viaje Machu Picchu ) .

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