Helicópteros

Existen dos compañías privadas que brindan el servicio de tras-
lado en helicópteros MI-17 (hasta 2 TM de carga) a distintos
puntos en la región. El costo por hora es de aprox. US$ 2 200.
Informes

Helisur
Carlos Concha 267, Lima. Tel: 264-1770
Grupo Aéreo N.° 3
Av. Faucett s/n, Callao (al costado del aeropuerto).
Tel: 574-1010
Aviación del Ejército
Av. Faucett s/n, Callao (al costado del aeropuerto).
Tel: 574-1656

Grupo Aéreo N.° 8

Es una división de la Fuerza Aérea del Perú que periódicamente
realiza vuelos de apoyo a casi todas las ciudades importantes del
interior, especialmente a las localidades de la selva adonde no llegan vuelos comerciales de rutina. Existen dos vuelos mensuales a
Iberia e Iñapari, en la frontera con Brasil. Emplean aviones de tipo Antonov, Hércules y DC-8. Este servicio está al alcance del público en general, pero es necesario averiguar con antelación la
disponibilidad de asientos, que depende de la carga. Los itinerarios y la fecha de partida pueden variar sin previo aviso. En
contraposición, estos vuelos son mucho más baratos que los comerciales.

Informes

Dirección de Comercialización del Grupo Aéreo N.°8
Av. Faucett s/n, Callao (al costado del aeropuerto).
Tel: 22-1206 y (Lima) 574-2259, 574-1010, anexo 2107

El Cusco por tren
Redes ferroviarias

Además de las rutas ferroviarias a Juliaca y Puno ,
el Cusco es el punto de partida de otro tramo que conduce a
Ollantaytambo, Machu Picchu y Quillabamba (en la selva cusqueña). El tramo de Machu Picchu a Quillabamba se encuentra
interrumpido desde hace tres años debido a las inundaciones
producto del Fenómeno de El Niño que azotaron la región en
1998.

Categorías de servicio

Los trenes con destino a Machu Picchu parten de la estación de
San Pedro, en el Cusco. Los trenes denominados Inca y Auto vagón, que recorren la ruta Cusco-Machu Picchu, son los que brin-
dan los mejores servicios. A continuación, y en escala descendente,
se encuentran las categorías de turistas o primera clase (llamadas
genéricamente Vistadome, Backpacker o “Cerrojo”), y segunda
clase (también llamada “tren local” o turismo económico). Viajar en primera clase resulta más barato, seguro y confortable que
viajar en un bus promedio, aunque es algo más lento. La segunda clase, un 25% más barata que la primera, siempre va atesta-
da de pasajeros y de carga. En este caso, la diferencia de precio
no justifica la incomodidad.

Trenes a Juliaca y Puno

Parten de la estación Wanchaq (calle Pachacútec s/n). El tren a
Juliaca y Puno sale del Cusco los Lunes, Miércoles, Viernes y Sábado, a las 8 h y llega a las 16 h 30 min. Para ir a Puno se puede seguir en el tren hasta esa ciudad, adonde llega a las 1 8 h, o continuar en bus (más
rápido). Recomendamos ubicarse en el lado izq. del tren para
disfrutar de las vistas del lago Titicaca. Los trenes retornan de
Puno los días Lunes, Miércoles , Jueves y Sábado, saliendo a las 8 h y llegando a Cusco alrededor de las 18 h. El costo del servicio es el siguiente: Inca US$ 50 y Turismo US$ 12.
Los boletos pueden ser adquiridos hasta con 5 días de anticipación. El horario de atención de la estación es de Lu a Vi, de
8 h a 12 h y de 14 h a 17 h; Sá de 8 h a 12 h, y Do de 8 h a 10 h.
Es posible comprar alimentos y bebidas en el tren.
Informes

Perú Rail
Av. Pachacútec s/n (ex estación Wanchaq), Cusco.
Tel: 23-8722, 22-1922

El Cusco por vía fluvial
El transporte fluvial

Los ríos son llamados “las carreteras de la selva”, pues en esta región muchas localidades carecen de carreteras o aeropuertos. El
único puerto fluvial de importancia en el Cusco se ubica en la región noreste, específicamente en la provincia de La Convención
(a unas 10 h por trocha carrozable de Quillabamba). Desde allí
es posible continuar viaje a través del Bajo Urubamba hacia Koshireni, Kiteni y Camisea, en la cuenca del Ucayali, atravesando
el Pongo de Mainique (véase pág. 273).
Los pasajes para viajar en cualquier embarcación fluvial se
compran directamente en los puertos (donde también existe in-
formación acerca de los itinerarios y destinos más frecuentes).
La hora de partida depende a menudo de la rapidez en conseguir
pasajeros y del estibaje de la carga. Las principales embarcaciones que discurren por los ríos cusqueños son:

Peque-peques

Canoas con motor estacionario (12 ó 16 HP) que se han con-
vertido en el medio de transporte masivo (carga y pasajeros) de
la Amazonia peruana. En ellas caben hasta 30 personas y, aunque
son lentas y ruidosas, resultan baratas y se encuentran en cualquier puerto fluvial. Ideales para viajes cortos.

Canoas con motor fuera de borda

Son embarcaciones similares a los peque peques, pero dotadas
de un motor fuera de borda (por lo general de 40 ó 55 HP). Son
más rápidas pero bastante más caras que los peque peques. Ideales tanto para viajes cortos como para viajes largos.

Deslizadores

Embarcaciones de aluminio con motor fuera de borda, sólo para pasajeros. Transportan hasta 12 personas y son rápidos y seguros, aunque algo más caros que las canoas con motor fuera
de borda. Ideales para viajes cortos.
Transporte lacustre

Si bien el Cusco posee algunos lagos de envergadura, el transporte lacustre no se encuentra desarrollado, ya que las carreteras los
rodean, uniendo, a mayor velocidad, los puntos circula custres.
Algunos lagos como Languilayo y Pomacanchi (ver pág. 259)
cuentan con botes aptos para alquiler o para realizar travesías
cortas con fines turísticos (paseos o pesca de truchas).

Recomendaciones generales
Cuándo viajar y qué llevar

Es posible visitar el Cusco en cualquier época del año. No importa el mes en el que se llegue, en el “ombligo del mundo” siempre habrá un atractivo especial. Desde los diferentes matices de
sus campos y sus cielos hasta sus coloridas festividades religiosas
y populares, el viajero encontrará un mosaico de actividades que
le permitirán descubrir detalles de esta región de encanto.
De otro lado, recomendamos una estadía mínima de 7 días
para recorrer la ciudad, algunos de los principales circuitos turísticos y pasar, al menos, una noche en Machu Picchu. Y si desea
conocer el Cusco en su real dimensión, planifique una visita durante la estación lluviosa (febrero o marzo). Le aseguramos que
no se arrepentirá.
Si bien los meses de invierno (junio-setiembre) son los más concurridos por los turistas extranjeros (“temporada alta”) debido a la
ausencia de lluvias, buen estado de los caminos y abundancia de
festividades, es también entonces que muchos de los servicios se
encarecen y los cupos para trenes, aviones y buses se limitan significativamente. Esta es también la época más fría del año. Recuerde que en las zonas superiores a los 3.000 msnm la menor
filtración de los rayos solares acentúa los riesgos de insolación.
Tenga a mano abundante abrigo y protector solar (especialmente para los labios).
Los meses de verano (diciembre-abril) son ideales para quienes deseen disfrutar de los paisajes naturales del Cusco en todo
su esplendor. En esta temporada son frecuentes los chaparrones
vespertinos, mientras las mañanas y las noches permanecen,
por lo general, despejadas. Un consejo: separe algunas horas para recorrer la ruta entre Chinchero y Maras. El espectáculo de
la luz creando diversas tonalidades sobre sus campos al amanecer y al caer la tarde es, sencillamente, inolvidable.

Agua y alimentos

Si bien la incidencia de enfermedades como el cólera y la tifoidea es, en la actualidad, mucho menor que la presentada en años
anteriores, su ocurrencia sigue siendo frecuente. Para evitar es-
tas enfermedades procure no beber agua del caño o grifo, y si
viaja, lleve agua envasada o ingiera sólo agua hervida. Evite también comer alimentos en la calle (ambulantes o carretillas).
Los pescados de la costa son una verdadera delicia en el Perú y gozan de gran demanda entre la población de la sierra. Cerciórese de
que se encuentren frescos y trate de consumirlos cocidos. Pele las
frutas antes de comerlas. Especialmente en los restaurantes de carretera, recuerde que lo que indica el menú puede distar mucho de lo que en realidad le servirán. Pregunte bien por los ingredientes.

Fotografía y video

El equipo fotográfico es caro y difícil de conseguir en el Cusco.
Existe una buena oferta de películas (100, 200 y 400 ASA) y cintas de video (VHS y Hi-8) en la ciudad del Cusco y algunos de
los poblados del Valle Sagrado, mas no en el resto del departamento. El revelado de fotografías (prints) es aceptable. Recomen-
damos revelar diapositivas sólo en Lima.
En algunos lugares, fotografiar o filmar a la gente es considerado una molestia e incluso una ofensa. No lo haga cuando no-
te que causa incomodidad a las personas, o pida permiso antes de
hacerlo (los buenos modales son generalmente bien recompensa-
dos). No se sorprenda si le piden propina después de dejarse fotografiar o filmar. Llevar caramelos, lapiceros o cuadernos para
entregarlos a manera de propina es una excelente idea, en especial si se viaja a zonas rurales.
En las siguientes áreas está prohibida la toma de fotografías o
video: guarniciones y centros militares, refinerías y plantas de energía y tratamiento de agua, estaciones de policía y aeropuertos, estaciones de ferrocarril, puentes, bases aéreas y minas. Si tiene alguna
duda al respecto, pida autorización antes de hacerlo. Una advertencia:
saque su cámara fotográfica o de video sólo cuando vaya
a usarla.
Aduanas

Se encuentra absolutamente prohibida la salida de objetos arqueológicos o de valor histórico del Perú. En caso de duda, consulte a las oficinas del Instituto Nacional de Cultura (INC, y en
Lima: Av. Javier Prado Este 2465, San Borja, Tel: 476-9875).
Para extraer especies de flora o fauna silvestre es necesario obtener un permiso que otorga el Instituto Nacional de Recursos Naturales (INRENA, Calle 17, 355, San Isidro, Lima, Tel: 224-3218)
y el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (SENASA, Psje. Zela s/n, 10.° piso, Jesús María, Lima, Tel: 423-4682). Las especies
en peligro de extinción sólo pueden exportarse contando con el
permiso CITES que otorga el INRENA.
Están terminantemente prohibidos la posesión, consumo o
tráfico de narcóticos (incluyendo marihuana y cocaína).
Reseña histórica
La ciudad del Cusco, capital del departamento del mismo nombre, está ubicada en el valle del río Huatanay, en la sierra sur del
Perú. Su denominación tendría como origen una antigua voz
indígena que significaría “ombligo” o — en forma figurada—
“centro” o “punto de encuentro”, pues de esta ciudad, que fue
la capital del imperio incaico o Tawantinsuyo, partía una extensa red vial que se dirigía a los cuatro suyos (o regiones) que con-
formaban las “cuatro partes del mundo”, según la cosmovisión
andina. Considerada por los incas “morada de los dioses”, Cusco
es, sin duda, la ciudad más fascinante de los Andes. Su arquitectura monumental combina de manera admirable los majestuosos basamentos pétreos incaicos con la fioritura del barroco
colonial. Su cercanía a la ciudadela incaica de Machu Picchu la
ha convertido en uno de los principales destinos turísticos del
mundo.

Los orígenes (1 000 años a. C.)

Antes de desarrollarse allí la cultura de los incas, la región del
Cusco también llamada antiguamente, entre otros nombres, Acamama estuvo habitada por distintos grupos que desarrollaron conocimientos de agricultura, ganadería y alfarería. Las
huellas de su presencia se remontan a unos mil años antes de
nuestra era, como lo testimonia la cerámica de Marcavalle. Luego se suceden otras manifestaciones culturales del mismo período formativo, como la de Huaru y la de Chanapata; esta última

mantiene vigente durante un prolongado período, alcanzando expresiones que aún son importantes en los siglos XII y XIII de nuestra era y
que constituyen posiblemente la raíz inmediata
la cultura inca. Hacia los siglos VI-VII la cultura Tiahuanaco-Wari (cuyo centro se hallaba en
Ayacucho) ejerció una marcada influencia, la cual
es visible en las ruinas de Piquillacta y Choque-
puquio.

I ,os señores del Cusco (siglos XIII y Xiv)

la fundación incaica de la ciudad del Cusco se
pierde en la leyenda. Según el relato que recoge
el cronista cusqueño Inca Garcilaso de la Vega en
sus Comentarios Reales (1609), Manco Cápac
el primer inca y Mama Ocllo, hijos del Sol
y la Luna, salieron del lago Titicaca y recibieron
la orden divina de civilizar estas tierras y fundar la
ciudad.
Una segunda leyenda, contada también por el
Inca Garcilaso, narra las hazañas de cuatro hermanos míticos y sus respectivas compañeras, que
salieron de las cuevas de Pacaritambo (en la provincia de Paruro, al suroeste del Cusco). Una de
esas parejas, la formada por Ayar Manco y Mama
Ocllo, es, según la leyenda, la que fundó la ciudad

Si bien según estos mitos los incas no eran originarios del valle del Cusco, tanto la historia como
el dato arqueológico parecen apuntar en otra dirección. Es probable, en efecto, que hacia el año
1200 surgiera en la cabecera del valle del Cusco
un señorío que en un comienzo convivió y rivalizó con varios otros de similar poderío y que luego fue fortaleciéndose poco a poco hasta resultar
dominante primero en todo el valle y luego en toda la región cusqueña. Se trata del grupo humano
portador de la cerámica que los arqueólogos han
bautizado como Killke y que en algún momento
tomó el nombre de incas.
Probablemente haya sido el inca Pachacútec,
verdadero forjador del imperio, quien elaboró la
“versión oficial” de la historia incaica contenida
en los mitos; esto con la finalidad de marcar distancia con los otros grupos étnicos o señoríos que
durante varios siglos habían competido y guerrea-
do con los incas. Es una gran hazaña bélica la que
entroniza a Pachacútec como inca y la que les otorga a los señores del Cusco una supremacía no só-
lo sobre sus vecinos sino sobre otros señoríos que
se estaban desarrollando en la sierra central y en
la cuenca del Titicaca. Se trata de la victoria sobre
los chancas, una macroetnia originaria de los ríos
Pampas y Pachachaca y que tras sucesivas conquistas había llegado ya a la región de Andahuaylas y
amenazaba a todos los señoríos de la región del
Cusco.

El Imperio de los Cuatro Suyos (siglos XV XVI)
Resulta difícil, si no imposible, establecer una cronología precisa para el establecimiento de la hegemonía incaica. Con todo, se considera el año 1438
como fecha aproximada de la coronación de Pachacútec, y los casi cien años que corren desde entonces hasta la irrupción de los españoles son los de la acelerada expansión incaica. La formación de un
vasto imperio en tan corto período de tiempo, así
como, sobre todo, el altísimo grado de desarrollo
cultural que alcanzó no se pueden explicar sin la
herencia Wari. Determinantes resultaron, en efecto, el avanzado sistema de organización político-
social y de manejo de recursos de Wari, así como
las redes de caminos construidas para conectar la

capital de dicho imperio con sus centros regionales, como el de Piquillacta, al sur del valle del Cusco.
Dos principios, reciprocidad y dualismo, que estaban en la
base de la concepción del mundo de la mayoría de grupos que
poblaban el territorio andino, son claves, asimismo, para entender la cultura incaica. El primero, que se traducía muchas veces
en la sujeción al inca a cambio de recibir generosas compensaciones
y honores, regulaba la prestación de servicios
y la producción y distribución de bienes. El segundo, en cambio, determinaba tanto la organización
social como la territorial en base a una división en
mitades complementarias y estaba estrechamente
vinculado con el principio de reciprocidad.
Los incas, al igual que otros grupos étnicos, dividieron originalmente el Cusco en dos mitades,
hurin y hanan (de arriba y de abajo, respectivamente). Probablemente al momento de la expansión
imperial, estas dos mitades se subdividieron a su
vez en otras dos, resultando cuatro sectores que correspondían a los nombres de Chinchaysuyo, Anti-
suyo, Collasuyo y Contisuyo. Esta misma división
se extendió a todos los territorios conquistados, pe-
ro revistiendo sobre todo un carácter simbólico, por
lo que resulta difícil precisar los límites territoriales
de cada suyu. Con todo, en su momento de mayor
auge, el imperio que tenía como centro el Cusco se
dilató desde los actuales territorios del sur de Colombia hasta los valles centrales de Chile, abarcan-
do el altiplano boliviano y el noreste de Argentina.
La ciudad colonial (siglos XVl-XVIl)

Las huestes conquistadoras de Francisco Pizarro
llegaron al Cusco en 1533 y llevaron a cabo la
fundación española de “la muy noble y muy leal
y gran ciudad del Cusco” el 23 de marzo de
1534. Sin embargo, la sublevación de Manco Inca en 1536 abre un largo período de resistencia
incaica que, tras el sitio de la ciudad en la segunda mitad del año mencionado, se traslada a los
agrestes territorios de Vilcabamba, en la actual
provincia de La Convención. El último episodio
de esta lucha fue la trágica ejecución en 1572 del
joven inca Túpac Amaru, el último de los hijos
de Manco Inca, por orden del virrey Francisco de

Toledo, hecho que tuvo como escenario nueva-
mente el Cusco.
Una vez consolidado el dominio hispano, sobre
todo a partir de las reformas de Toledo (que gobernó entre 1569 y 1581 y vivió dos años en el Cusco),
la antigua capital incaica se convirtió en la ciudad
más importante del virreinato del Perú después de
Lima. La región desarrolló una próspera actividad
agrícola, ganadera, minera y de manufactura los
llamados obrajes textiles, cordeleros, hojalateros y
otros— así como de arrieraje (transporte a lomo de
bestia), proveedora de centros mineros como Huancavelicay Potosí (esta última en la actual Bolivia).
Además de su preeminencia económica, el Cusco
mantuvo en tiempos coloniales una gran importancia cultural. Incluso adquirió un carácter fabuloso en el imaginario del mundo occidental de
entonces. Los documentos de la época la nombran “gran ciudad, cabeza de los reinos del Perú”,
no obstante ser Lima la capital política. Fue la sede
del primer obispado de Hispanoamérica (1538),
y gracias al mecenazgo de la Iglesia, disfrutó de
una intensa actividad artística y cultural. La fundación de la Universidad de San Antonio Abad (1669)
y el desarrollo de un estilo de pintura la Escuela
Cusqueña con características propias son expresiones de ese auge. El establecimiento de la Real Au-
diencia en el Cusco, en 1788, confirmó el alto sitial
de esta ciudad en el Virreinato del Perú.
El Cusco revolucionario (siglos XVIII-XIX)
El esplendor cultural y religioso del Cusco colonial tuvo como contraparte una drástica opresión
de la población indígena en el aspecto económico
con tributos excesivos y abusos físicos por parte
de los “gobernadores de indios”, llamados primero
encomenderos y luego corregidores y en el aspecto
cultural, mediante la violenta imposición de los ritos católicos,
uno de cuyos mecanismos fue la llamada “extirpación de idolatrías”. Contra este orden de cosas fue generándose, en forma
soterrada, una nueva cultura indígena anhelante de recuperar el
perdido esplendor incaico, expresada en el mito de Inkarrí (personaje legendario que iba a resucitar y devolver al Cusco su señorío imperial) y en danzas rituales como el taqui onccoy (‘baile
enfermizo’), que anunciaba la resurrección de los dioses o huacas
vencidos por el hombre blanco.
En 1780 el Cusco fue conmovido por la gran rebelión del cacique indígena José Gabriel Condorcanqui Túpac Amaru. Ella
tuvo como propósito “sacudir el yugo de la tirana dominación
española proclamándose legítimo soberano y libertador”, según
afirman las crónicas de la época. Su alzamiento tuvo amplia re-
percusión en el mundo andino y causó importantes derrotas
militares al ejército colonial, como la de Sangarará (18 de noviembre de 1780). Una traición facilitó su captura y posterior
ejecución, luego de crueles suplicios, en la plaza Aucaypata (la
Plaza Mayor) del Cusco, el 18 de mayo de 1781. Otro importante alzamiento revolucionario —prosiguiendo el ejemplo
de Túpac Amaru— se inició en el Cusco en 1814, encabezado
por los hermanos Mariano y Vicente Angulo y por el cacique
Mateo Pumacahua, que se extendió hasta Huamanga, por el
norte, y hasta La Paz (actual Bolivia), por el sur. Sus líderes
fueron vencidos en batalla y ejecutados en marzo
de 1815.
Tras el desembarco de la Expedición Libertadora
del general José de San Martín en setiembre de 1820
y proclamada la independencia del Perú el 28
de julio de 1821, el virrey La Serna concentró las
fuerzas militares coloniales en el Cusco e instaló allí
la sede de su gobierno y una casa de moneda. La ciudad fue entonces capital virreinal y centro estratégico de las operaciones militares contra San Martín y
luego contra el Libertador Simón Bolívar hasta el
22 de diciembre de 1824, una vez conocida la derrota militar definitiva de los españoles en la batalla de Ayacucho (9 de diciembre de 1824).
El Cusco independiente (siglos XIX-XX)
Concluida la guerra emancipadora, el Cusco se
mantuvo como principal centro urbano de los
Andes peruanos, no obstante ser el escenario de
cruentas luchas por el poder. El mariscal Agustín
Gamarra (cusqueño, dos veces presidente del Perú: 1829-1833 y 1839-1841) dictó medidas que
fortalecieron económica y políticamente la región,
lo que también haría, a su turno, su gran rival, el mariscal Andrés de Santa Cruz, impulsor de la Con-
federación Peruano-Boliviana (vigente sólo dos
años, entre 1837 y 1839), quien estableció en el
Cusco la capital del Estado Sur-Peruano, que in-
corporaba a Bolivia. Después del segundo gobierno de Gamarra, que concluyó en forma violenta,
el Cusco perdió primacía y se vio opacado por el
auge económico de Arequipa, lo que originó un
importante proceso migratorio hacia las ciudades
costeñas.
Al iniciarse el siglo XX, el Cusco realiza un notable esfuerzo por recuperar su antigua importancia económica regional impulsando la agricultura
y la minería. El ferrocarril une Arequipa, el Cusco
y Puno a partir de 1908. En 1911 Cusco concitó
el interés mundial cuando el investigador norteamericano Hiram Bingham descubrió el 24 de ju-
lio de ese año, 120 km al NO de la ciudad, sobre
el valle del río Urubamba, la imponente ciudadela incaica de Machu Picchu (‘cumbre mayor’). A
este importante hallazgo le siguió un fuerte movimiento cultural. En la década de 1920 vivían
en el Cusco destacados intelectuales, como Luis
E. Valcárcel, connotado historiador, el fotógrafo
Martín Chambi, considerado “el cusqueño más
universal del siglo xx”, y José Sabogal, el fundador de la escuela indigenista de pintura del Perú.
La comunicación aérea comercial se estableció en
1950. Hoy en día, iniciándose el siglo XXI, el Cusco
vive principalmente del comercio y el turismo, y
es la sétima ciudad más poblada del Perú, con más
de 300 mil habitantes.
EL QUECHUA
De todas las lenguas que se hablaron en
el antiguo Perú, como el aimara y el puquina, en la sierra sur, o el mochica,
y el quingnam, en la costa norte, hubo una
que tuvo un destino muy particular, llegando a convertirse en la así llamada “lengua general” del gran imperio de los incas,
primero, y en el idioma en el que los españoles impusieron su religión y, en general, su dominio a los habitantes del imperio
conquistado, después.
Hacia el siglo IX de nuestra era, esta lengua, el quechua, era una más de las muchas
que se hablaban en territorio peruano y
se hallaba difundida tan sólo en la costa
central y en las serranías del actual departamento de Lima. Desde aquí, en los siglos
sucesivos, este idioma fue irradiándose paulatinamente hacia los territorios vecinos,
ubicados en los departamentos de Ancash,
Huánuco, Junín y Pasco
El florecimiento, hacia el siglo XIII, del
señorío de Chincha (actual departamento de lea), que basaba su poder en el dominio del arte de la navegación puesto al

servicio del comercio y de la pesca, da un
nuevo impulso a la difusión del quechua,
que para entonces ya se había diferencia-
do en dos grupos dialectales con notorias
diferencias entre sí: las variedades Chínchay y la Yúngay.
Es de la mano de los comerciantes del
señorío Chincha que esta variedad del quechua se debió de haber difundido a lo largo
de los Andes. Es interesante señalar, asimismo, que por esta misma época el idioma
más utilizado en territorio cusqueño fue
seguramente el aimara, otra de las lenguas
peruanas que ha sobrevivido hasta hoy.
Cuando los incas, que por su lengua de
origen eran en realidad más aimaras que
quechuas, empezaron a extender los límites de su pujante imperio, encontraron
que la variedad Chínchay del quechua se
usaba ya como idioma de relación en gran
parte de los extensos territorios conquistados. Por ello adoptaron el quechua como
“lengua general” en desmedro del aimara.
Los conquistadores españoles, por su
parte, no tardaron en percatarse de que
en los vastos territorios que habían caído
bajo su dominio se hablaba una enorme
variedad de lenguas y que sólo una, el
quechua, hacía las veces de lengua franca. Este idioma, por lo demás, ya estaba
asociado en la mente de los antiguos pe-
ruanos con el poderío cusqueño y de los
incas.
Los antiguos peruanos, es sabido, no
conocían la escritura, pero ello no fue
obstáculo para que se desarrollara una brillante literatura en lengua quechua. Pequeñísima parte de este acervo cultural se
ha conservado hasta hoy día gracias a las recopilaciones que hicieron los cronistas. Se
trata, sobre todo, de poesías, como los
haylli, que eran una especie de himnos
guerreros, o los harawi, que, por el contrario, eran canciones de amor y de ausencia.
Durante la Colonia, el quechua corre
una doble suerte, bastante contradictoria
por cierto: por un lado, sobre todo en la
costa, cede terreno ante el castellano y
prácticamente desaparece del mapa lingüístico de esos territorios, pero, por otro,
sobre todo en la sierra central y sur, des-
plaza definitivamente a otras lenguas nativas y se convierte en el idioma materno
de la población autóctona que sobrevive a
las calamidades que trajo consigo la con-
quista. Más aún, gracias al afán evangelizador y al esfuerzo de los europeos más cultos que llegan a tierras americanas, empieza a escribirse y a ser estudiado por gramáticos y lexicógrafos.
Otro fenómeno interesante relacionado con este idioma es el que se produce a
partir de fines del siglo XVII en ciudades
como el Cusco, donde el nacionalismo en
germen de sectores criollos hace que se empiece a producir una literatura en quechua
que busca adueñarse del pasado incaico.
Tal es el caso, por citar sólo los ejemplos
más representativos, de los dramas en quechua Usca Paucar y Ollantay. De hecho,
algunos estudiosos consideran que el período que va de fines del siglo XVII a fines
del XVIII es el “siglo de oro” del quechua
literario.
Ya en la época republicana, entre las dos
últimas décadas del siglo XIX y las dos primeras del siglo XX, la ciudad del Cusco
conoce el auge de una amplia y variada
producción dramatúrgica en lengua quechua. Son más de setenta, entre dramas
y comedias, las obras que se escribieron y
se pusieron en escena en ese período y son
numerosos, asimismo, los autores que cultivaron estos géneros literarios, destacando los nombres de Nicanor Jara, José Lucas
Caparó y Nemesio Zúñiga Cazorla.
Los argumentos de tales obras, siguiendo la tradición iniciada por el Ollantay en
el siglo XVIII, solían ser leyendas de origen incaico y episodios de la historia de
este mismo período. Esta interesante producción dramática era una muestra de la
identificación de las élites de la ciudad
con el pasado incaico y, al mismo tiempo,
un intento de afirmar la supremacía cultural del Cusco frente a Lima.
Para comprender este florecimiento del
teatro quechua hay que tener en cuenta
que a comienzos de siglo la ciudad del Cusco tenía una población mayoritariamente
monolingüe quechua y que las elites eran
bilingües. El monolingüismo castellano en
ese entonces prácticamente no existía.
En la actualidad, esta situación ha variado, y se puede decir que en la ciudad ya
no existe el monolingüismo quechua. Se

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