Machu Picchu Viaje – El Templo Blanco – 10

El 25 de julio de 1911, Bingham ( Machu Picchu Viajes ) seguía el curso del río Urubamba en busca del reino que fundara Manco: Vilcabamba. Hacía casi 350 años, una expedición de españoles cabalgó a la región para capturar a Túpac Amaru, el hijo de Manco. En los años que pasaron desde entonces, la región, como un fantasma enfurecido, aparecía y desaparecía de los registros. Las minas incaicas nunca rindieron el oro y plata que los españoles esperaban y las revueltas de esclavos negros pusieron fin a los intentos de convertir a la región en un emporio productor de azúcar y coca. Los misioneros huyeron poco después, dejando atrás tan solo a unos cuantos comerciantes españoles . Después del fracaso de diversos planes de desarrollo, a fines del siglo XIX el gobierno peruano construyó un camino que abrió la región entera, el mismo camino que Bingham ( Machu Picchu Viajes ) ahora seguía. Los picos acá eran un poco menos elevados, y los sembríos y las flores se extendían en ambos márgenes. Más allá del encanto bucólico de la región, esta seguía siendo una zona agreste. El bajo Urubamba era la frontera entre los Andes radiantes y fríos, y la Amazonia oscura y calurosa. Era una región extrema cuyas temperaturas bajaban casi hasta los cero grados en las noches y se elevaban a un calor sofocante durante el día. En las mañanas, los colonos veían que su ganado sangraba debido a las mordeduras de los murciélagos vampiros. Los terratenientes adinerados gobernaban grandes haciendas donde los indios trabajaban en cultivos de caña de azúcar, café, cacao (cuyas semillas se molían para hacer chocolate) y coca. El Estado era débil, y los terratenientes dominaban a los campesinos con una mezcla de paternalismo y abuso; si el alcohol barato no disipaba la tensión, siempre podían contar con la amenaza de la pólvora. Los campesinos indígenas frecuentemente ofrecían resistencia, como lo demostró la revuelta de aquel año. El lugar era una bomba de tiempo humana. No obstante, al disponer Bingham ( Machu Picchu Viajes )  de una escolta militar, podía preocuparse menos por esos temas y concentrarse en la búsqueda de las ruinas del palacio de Manco, Víteos, así como Vilcabamba la Vieja, su refugio religioso. Cuando en la noche hicieron alto en una inmensa hacienda azucarera y ganadera llamada
Huadquiña, Bingham (Viaje Machu Picchu ) no tuvo tema de conversación más que su búsqueda. Bingham ( Machu Picchu Viajes )  le mostró a la dueña de la hacienda, la adinerada viuda Carmen Vargas de Romainville, los párrafos que había copiado de las crónicas en Lima. Este tipo de obsesión no le era ajena a ella. Su yerno, Tomás Alvistur, también se había contagiado de la fiebre incaica, pero se dedicaba a deambular por las montañas en búsqueda de objetos, no ruinas. A la mañana siguiente llamó a sus trabajadores con más conocimientos de la región y les ordenó que le dijeran a Bingham todo lo que supieran del área. Un capataz de confianza le ofreció dos nombres. El primero, Ccollumayu, le resultaba desconocido, pero el segundo, Yuray Rumi, sonaba familiar. En Lima, Hiram había averiguado que el primer palacio de Manco, Vitcos, podía ser identificado por su cercanía a una «casa del sol», un santuario de piedra blanca llamado Yurak Rumi, ubicado por encima de un manantial, «de donde emergía el Diablo y era adorado por estos idólatras ¿Podría haber cambiado su nombre a Yuray Rumi? La emoción de Bingham ( Machu Picchu Viajes ) se manifestó en las cartas que le escribió a Alfreda después. «Empecé a contarte ayer sobre mi nueva ciudad incaica, Viaje Macchu Picchu  le contaba a su esposa. «Es mucho más maravilloso e interesante que Choqquequirao. La manipostería es tan fina como cualquiera que hay en el Cusco ( Machu Picchu Viajes )   Esto es inédito y será una gran noticia». Bingham esperaba regresar y pasar una semana entera en Machu Picchu, le escribió con entusiasmo juvenil, pero nuevos descubrimientos le llamaban. He averiguado acá que hay ruinas más grandes en
los alrededores! Esto es muy emocionante. Bingham ( Machu Picchu Viajes )  partió con altas expectativas, pero Ccollumayu resultó ser una pérdida de tiempo. Los guías indígenas pasaron dos días abriéndose paso en la selva buscando las ruinas prometidas. Las puntas del bambú y las espinas de las lianas rasgaron la ropa de los estadounidenses. Al tercer día el guía admitió que tan solo sabía de las ruinas de oídas, había sido otra persona quien las había visto diez años atrás. Asimismo, cuando los guías llevaron a Bingham  ( Machu Picchu Viajes ) al Yuray Rumi prometido, tan solo vieron tres o cuatro estructuras redondas con una sola apertura y ninguna ventana, y un edificio cuadrado con cuatro pequeñas ventanas. Bingham ( Machu Picchu Viajes )  estaba exasperado: ahí no había un gran santuario del sol compararlo con Ollantaytambo (Viaje Machu Picchu ), tal como lo hizo el capataz, era como asemejar una choza con un palacio o un ratón con un elefante» . Sus talones se llenaron de ampollas en el camino de regreso a la hacienda, y le dijo a sus hombres que empacaran el equipo. Había sido el descubrimiento de Machu Picchu tan solo un golpe de suerte. La expedición prosiguió río abajo hasta el pueblo indígena llamado Chaullay, cuyos habitantes habían sido simpatizantes de la reciente rebelión contra los terratenientes blancos. Miraban con hostilidad al alto y blanco intruso y su odiada escolta militar. Su desconfianza hacia los forasteros era histórica. Si las crónicas estaban en lo cierto, Chaullay alguna vez había resguardado el espectacular puente incaico de cuerda de Chuquichaca, la legendaria entrada al refugio de Manco. Acá, el Urubamba se mezclaba con las aguas de otro río, uno reveladoramente llamado Vilcabamba. No obstante, Bingham no investigó la conexión de Chaullay con el reino de Manco, al menos no por el momento. Primero cabalgaron un trecho adicional río abajo por el Urubamba, hasta «el último rincón del Perú ( Machu Picchu Viajes ) ». Descansaron en una hacienda llamada Santa Ana, cuyo dueño era Don Pedro Duque, un señor de bigotes blancos y padre del joven ingeniero que había ayudado a la expedición en Cusco ( Machu Picchu Viajes ) . Duque, un elegante caballero colombiano entrado en años, se interesó tanto en la búsqueda de Bingham por la ciudad «perdida» de los incas que plantó la semilla de una idea sugerente, aunque muy errada, en la mente de Bingham ( Machu Picchu Viajes ) . Emocionado por la descripción que el explorador hizo de Machu Picchu, Duque propuso que sus «nuevas ruinas (las finas en  Viaje Machu Picchu) debían ser las que las crónicas describen con el nombre de Vitcos o Píteos», le escribió Bingham ( Machu Picchu Viajes )   a su esposa. «Píteos es una transición sencilla de Pichu o Pitchu. Machu simplemente significa ‘viejo’ en quechua». (Viaje Machu Picchu ), explicó Bingham ( Machu Picchu Viajes ) , encajaba en las descripciones que las crónicas hacían de Vitcos: un palacio en una cadena de montañas. «Es realmente muy emocionante, puesto que Vitcos (o Pitcos) fue el lugar de residencia de los últimos tres incas que vivieron acá en Vilcabamba después de la conquista española», explicó Bingham ( Machu Picchu Viajes ) . «Realmente era, tal como sabes, la esperanza de hacer este descubrimiento lo que me hizo venir» . Le mandó otra carta a la Royal Geographic Society, en la cual proveyó los primeros detalles que el público conocería de su hazaña. Aquella tarde, Bingham se percató de que se estaba apresurando con sus celebraciones. En la oficina del subprefecto del cercano pueblo de Quillabamba, conoció a un «viejo malhumorado» llamado Evaristo Mogrovejo, el teniente o administrador gubernamental de un pueblo llamado Lucma, a un día de difícil viaje río arriba por el Vilcabamba. Mogrovejo conocía las ruinas locales. Dos días más allá de Lucma había una ruina llamada Rosaspata en la cresta de una colina, dijo. En un valle selvático más allá de Rosaspata, había un conjunto de ruinas conocidas por dos nombres. El primer apelativo era Espíritu Pampa, o pampa de los espíritus, pero este no figuraba en las crónicas; el topónimo alternativo, sin embargo, resultaba prometedor: «Vilcabamba Viejo», según escribió Bingham ( Machu Picchu Viajes )  . En Lima, Bingham ( Machu Picchu Viajes )  había encontrado una referencia a una Vilcabamba que era el centro poblado más importante de la provincia y residencia de los sacerdotes Inca. ¿Podría Espíritu Pampa ser la misma localidad? Solo había una forma de averiguarlo: viajar al lugar. Había un problema, sin embargo. Según les explicó Mogrovejo, la región que separaba Rosaspata y Espíritu Pampa era tierra de nadie, un lugar dominado por indios «salvajes». Para llegar a Espíritu Pampa, Bingham primero debería pasar por un lugar llamado Concevidayoc, donde un peruano había sido asesinado hacía unadécada. Ahí Bingham ( Machu Picchu Viajes ) conocería al primer no-indio que se había atrevido a ingresar a la región y logrado sobrevivir: un misterioso individuo llamado Saavedra, cuya sola mención hizo erizar a los hombres blancos de la oficina del subprefecto . Este Saavedra supuestamente había trocado la civilización por la comarca de los indios a tal punto que se había vuelto como Kurtz en El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad: un blanco que se «había nativizado» en Africa y se había convertido en un tirano. «Todos nos aseguraron que era un lugar terrible adonde ir», escribió Bingham ( Machu Picchu Viajes ) , «y que los indios salvajes de la zona no nos dejarían salir con vida» . Esto era música para los oídos de Bingham ( Machu Picchu Viajes ) . El explorador sacó su talismán mágico del bolsillo de la casaca: la carta del presidente Leguía que ordenaba que todos los funcionarios estatales brindaran asistencia a la expedición de Yale. Mogrovejo se apesadumbró. El malhumorado viejo funcionario tendría que ser el guía de Bingham ( Machu Picchu Viajes )   . Antes de que pudieran partir a la siguiente mañana, sin embargo, Bingham ( Machu Picchu Viajes ) recibió un telegrama del Cusco que resultaría ser un mal presagio para el futuro de la expedición. Era del prefecto Núñez, y anunciaba lacónicamente que la expedición (Viaje Machu Picchu ) de Yale tenía autorización para estudiar y explorar ruinas, mas no para excavarlas. No habrá excavaciones, puesto que excavar va en contra de la ley. Bingham  ( Machu Picchu Viajes )  estaba confundido. Creía contar con el permiso del presidente Leguía para realizar cualquier tarea que necesitara hacer. Bingham se preocupó de que el apoyo político para sus exploraciones se estuviera esfumando. Don Pedro Duque tranquilizó a Bingham, sin embargo: Núñez podría haberse enterado por medio de un pariente en el valle de que Bingham había descubierto  Picchu, y quizá había «conjurado esta vieja ley» para interferir con el trabajo de la expedición (Viaje Machu Picchu ) y asegurarse la excavación para sí mismo . Depositando toda su confianza en Duque, Bingham ( Machu Picchu Viajes )  les aseguró a los funcionarios locales que no dañaría las ruinas de manera alguna. Envió telegramas a sus amigos de negocios en Lima, pidiéndoles que le explicaran la situación al presidente Leguía y que reconfirmaran que la expedición tenía permiso para, cuando menos, despejar la vegetación de las ruinas que encontraran. «Mas no había tiempo para esperar una respuesta», escribió Bingham ( Machu Picchu Viajes )  en su diario. Ya eran las ocho de la mañana, y el telegrama de Núñez había retrasado lo que debía haber sido una partida temprana. Si aguardaba más, los funcionarios locales imposibilitarían su búsqueda de las últimas ciudades de los incas. Bingham ( Machu Picchu Viajes ) , Foote, Carrasco y un muy reacio Mogrovejo cabalgaron de vuelta al hostil pueblo de Chaullay, cruzaron su puente y empezaron a subir por el río Vilcabamba. Era fácil ver por qué ellos y los incas se habían refugiado acá: el valle era remoto, bien protegido y fértil. Le hacía recordar a Bingham ( Machu Picchu Viajes )  a Hawái. Por esas mismas razones, la región resultaba igual de atractiva para los blancos que habían fundado sus haciendas ahí y ejercían un poderío señorial sobre los lugareños. La primera parada de Bingham fue en la hacienda de José Pancorbo,
el terrateniente que Bingham ( Machu Picchu Viajes )  había conocido por vez primera en el Cusco. En la ciudad, Pancorbo había parecido todo un caballero. Aquí, su reputación sugería lo opuesto. Mogrovejo siguió de largo, rehusándose a pernoctar donde Pancorbo porque el terrateniente se había robado sus muías. Bingham ( Machu Picchu Viajes )  descubrió que Pancorbo era tan «dispéptico, desagradable y cruel… que la gente no trabaja para él porque les gustara, sino porque no les queda alternativa». Los indios locales odiaban tanto a Pancorbo que para que el terrateniente pudiera alimentarse debía confiscar los productos de la gente «que pasaba por su patio… obligándoles a que aceptaran cualquier precio que él considerara apropiado darles. Pancorbo creía que la amenaza del uso de fuerza era necesaria para contener lo que percibía como el salvajismo de los nativos. Él mismo no se encontraba presente, ya que se había ido a supervisar sus intereses caucheros río abajo en el Urubamba. Durante su ausencia en la reciente rebelión, averiguó Bingham, los indios habían atacado su hacienda, quemado sus campos de caña de azúcar, saqueado su casa derribado sus grandes rejas. Según sus empleados, esto había sido la culpa de indios, no de él, y Bingham ( Machu Picchu Viajes )  estaba arriesgando la vida al internarse en el territorio de ellos. Le advirtieron que nadié que haya ido a Concevidayoc recientement; ha retornado con vida . Así prevenidos, Bingham ( Machu Picchu Viajes ) , Foote y Carrasco partieron temprano la siguiente mañana, y disfrutaron silenciosamente el impresionante paisaje. El río rugía debai: a medida que trepaban las empinadas colinas, e imponentes precipicios se cernían al lado opuesto, manchados con liquen azul y verde, cual piel de lagartija. Por encima del camino había selva tropical, y por debajo, campos de caña de azúcar de un color verde claro. Si el camino a  (Viaje Machu Picchu  )consistía en elevación y misterio, este era majestuosidad pura. Llegaron al pueblo de Mogrovejo esa noche. Para alegrar al gruñón funcionario, Bingham ( Machu Picchu Viajes )  le ofreció un acuerdo: cincuenta centavos por cada ruina que pudieran encontrar, y un dólar si las ruinas eran particularmente finas. Con esto como motivación, Mogrovejo pasó el siguiente día mostrándole la zona a Bingham ( Machu Picchu Viajes )  . Lucma había estado poblada desde antes de la conquista española, y los habitantes de sus casas de piedra y barro conocían bien el valle. Mogrovejo también llamó a varios lugareños para que le dieran los nombres de las ruinas a Bingham ( Machu Picchu Viajes ) , quien tuvo dificultades para apuntar los bellos pero confusos nombres quechuas en su diario. Una descripción en particular le resultó llamativa. Mogrovejo ya le había dicho a Bingham ( Machu Picchu Viajes ) que había una «fortaleza» en la cadena de Rosaspata. Ahora, un poblador decía que había una gran piedra cerca a aquella, llamada Nusta España, o Nusta Hispanan. Los pasajes de las crónicas que Bingham llevaba dobladas en el bolsillo sugerían que el palacio de Manco estaba cerca de un santuario solar de piedra llamado Yurak Rumi. Acaso Nusta España y Yurak Rumi podrían ser el mismo lugar Era Rosaspata Vitcos Nadie ha estado ahí arriba le escribió a su esposa. «Tenemos unas largas y duras caminatas por hacer» . Era la última carta que escribiría por tres semanas. Al día siguiente, Mogrovejo los llevó río arriba por el Vilcabamba. El valle serpenteaba y se ensanchaba, y el camino se cruzaba con el río debajo de ellos. Cruzaron el río a través de un puente robusto y siguieron el camino al sur, continuando su subida, pero de manera menos pronunciada ahora. Remontaron una cadena de montañas y súbitamente pudieron ver la longitud del valle: verdes campos y picos gris oscuro en ambos lados. Directamente delante de ellos estaba una colina trunca de unos trescientos metros de altura, su cima en parte cubierta por una rala vegetación de árboles y arbustos, mientras que sus laderas eran empinadas y rocosas» . Rosaspata, murmuró Mogrovejo. En su cima estaban las ruinas. Y bajo ella, el pueblo indígena de nombre Puquiura, el punto geográfico clave de todas las descripciones coloniales del último reino de los incas. Bingham hubo de reprimir su emoción. Rosaspata encajaba de manera casi exacta con las descripciones que de Vitcos hacían las crónicas: junto a Puquiura, «en una alta eminencia rodeada de escabrosos peñascos y selvas, muy peligroso de escalar y casi inexpugnable» . Y según las crónicas, unos pocos días más allá de Puquiura estaba Vilcabamba. Ataron sus muías y después de almorzar empezaron a caminar hacia las ruinas incaicas. Guiados por un indio lugareño cuyo nombre quedó sin registrar, Bingham ( Machu Picchu Viajes ) , Foote y Mogrovejo cruzaron nuevamente el río Vilcabamba. Pasaron un molino de cuarzo en ruinas, un remanente de la fiebre de oro de fines del siglo XVI. Cruzaron un río angosto y empezaron a escalar la empinada colina. El guía les señaló la decrépita ruina incaica en el abra del cerro, una sola estructura con seis puertas y paredes rústicas que había sido convertida en un potrero. Bingham ( Machu Picchu Viajes )  se preguntaba si alguna vez fue un fortín asaltado por los españoles. El guía los llevó por el lado occidental del monte y apuntó. El cerro bajaba y se aplanaba en una plaza amplia y abierta, llena de pasto pero con un largo edificio en ruinas en su borde norte. Bingham se maravilló por su tamaño: parecía más grande que cualquier estructura incaica que Bingham ( Machu Picchu Viajes )  hubiera visto hasta entonces, aparte de Sacsayhuamán, el complejo de las murallas enormes ubicado en la parte alta del Cusco. Aproximándose desde el sur, Bingham ( Machu Picchu Viajes ) contó una, dos, quince puertas. Dio la vuelta y contó otras quince. El palacio medía 75 largos metros de largo y 13 metros de ancho. Aunque su manipostería no era tan refinada como la de Viaje Machu Picchu, seguía siendo excepcional. Las tres puertas que daban a la plaza estaban intactas y brillaban con jambas de granito blanco y dinteles enormes de dos metros. Había tres grandes cuartos dentro y tres largos corredores que los conectaban. Muchos de los bloques habían sido removidos para hacer muros para las tierras de pastoreo, y Bingham ( Machu Picchu Viajes ) vio «una cantidad considerable de hoyos… que habían sido cavados en busca de tesoros. Aún quedaba suficiente para poder evocar la antigua grandeza del lugar, sin embargo. Viaje Machu Picchu había llenado la mente de Bingham ( Machu Picchu Viajes ) con imágenes de sacrificio y adoración al sol, pero consideró que este lugar sería apropiado «para la residencia de un rey. La cadena más allá del edificio le daba una vista perfecta valle abajo. Picos nevados se cernían detrás, al sur, y el pasaje del sol podía ser seguido por los valles boscosos al este y oeste. Bingham ( Machu Picchu Viajes )  podría haber cerrado los ojos he imaginado a Manco Inca tramando su venganza contra los españoles. Pero era Vitcos? Bingham ( Machu Picchu Viajes )  comparaba su gastada copia de las crónicas españolas con lo que estaba viendo. Las crónicas señalaban que Vitcos se ubicaba junto a un santuario de piedra blanca y un manantial llamado Yurak Rumi. Si pudiera encontrar el santuario, tendría la certeza de que estaba en el lugar correcto. El sol empezaba a ponerse y retornaron a Huancacalle, el pueblo al costado de Puquiura. La siguiente mañana, después de medir el palacio, Bingham ( Machu Picchu Viajes ) se reunió con Foote en un angosto y bucólico valle al este de las ruinas, donde un pequeño riachuelo se escurría a través de campos cultivados y alrededor de vallas de piedra y árboles. El valle estaba cubierto de rocas de granito tallado, pero ninguna se asemejaba a las descripciones que de Yurak Rumi figuraban en las crónicas. Una era grande y blanca, y tenía un asiento tallado en su lado norte, pero no estaba cerca de un manantial. Otra tenía un intihuatana bajo y circular, pero era demasiado pequeña. La escena era inquietantemente silenciosa, y a medida que el sol se ponía tras Rosaspata, las piedras se tornaron a un color azul umbroso. Este estrecho valle era tan sagrado como (Viaje  Machu Picchu), pero en una forma completamente diferente. Mientras (Viaje Machu Picchu) se alzaba grandiosamente al cielo, este valle ofrecía una sensación de paz. A las cuatro de la tarde llegaron a un claro que se asemejaba a un anfiteatro. Pequeñas piedras se esparcían en sus extremos, algunas talladas como sillas. En el lado occidental del claro, que colindaba con la cadena de Rosaspata, estaban los restos de una estructura rectangular que alguna vez fuera sólida. En el centro del claro, sin embargo, había una gran piedra de granito blanco, más grande que una casa. Estaba cubierta de grabados, y se cernía sobre un manantial frío y oscuro, y pastos cenagosos, cual bestia prehistórica. Su lado norte había sido aplanado, y unos cubos de entre diez y veinte centímetros intihuatanas horizontales, casi sobresalían de la piedra. A medida que el sol pasaba por encima, estas protuberancias dejaban sombras curiosas que se asemejaban a los trucos cubistas que jugaban con la profundidad y percepción. La parte superior de la piedra tenía una serie de altares o asientos y estaba oscurecida con liqúenes. Una angosta y solitaria grieta partía esta sección. La rajadura parecía haber sido artificialmente ensanchada, pensó Bingham ( Machu Picchu Viajes ) . Se preguntó si un sacerdote del sol se paraba encima de la roca para dar la bienvenida al sol naciente o, de manera más sensacional, usaba la rajadura para drenar la sangre de la víctima sacrificada en la cima de esta. Esta era Ñusta España, o Ñusta Hispanan, dijo el guía, el sitio del cual habían oído en Luana. Bingham ( Machu Picchu Viajes )  y Foote empezaron a celebrar. Lo habían encontrado: Ñusta Hispanan era seguramente el nombre moderno de Yurak Rumi, el gran santuario del sol de Manco Inca. Y si este era Yurak Rumi, entonces el palacio en la colina cercana seguramente no podía sino ser Víteos, el bello palacio del Manco exiliado. Víteos fue el primer lugar hacia donde Manco huyó para sobrevivir, seguir luchando contra los españoles y adorar en paz. No era tan espectacular como (Viaje  Machu Picchu ), pero el complejo entero, desde el palacio hasta el santuario del sol, tenía una belleza silenciosa y meditabunda. El descubrimiento de Machu Picchu podría ser una «gran noticia», pero identificar Víteos y Yurak Rumi sería el logro más claro de Bingham( Machu Picchu Viajes )  , lo cual fue posible, obviamente, gracias a la investigación preliminar del archivista Carlos Romero en Lima. Por primera vez en siglos, el primer palacio de Manco reaparecería en los mapas, poniéndole fin a años de especulación. Al fusionar las herramientas de archivo del historiador con la brújula del explorador, así como con su propio entusiasmo magnífico, Bingham ( Machu Picchu Viajes ) había demostrado que se podía confiar en las crónicas, y que la historia incaica era real, no cuestión de mitos. Académicos posteriores considerarían sus publicaciones sobre Vitcos y otros sitios incaicos como «el comienzo de la literatura científica sobre el corazón de los dominios incaicos», y el comienzo de la arqueología inca moderna. Pero mientras Bingham ( Machu Picchu Viajes )  observaba el gran santuario del sol, de colores cambiantes con la puesta del sol, se percataba de que este descubrimiento traía más preguntas que las que contestaba. Si Rosaspata era Vitcos, el primer palacio de Manco en el exilio, entonces qué era  ( Viaje Machu Picchu ). Por qué los lados de Yurak Rumi, este santuario del sol, parecían estar ennegrecidos y rajados, como si lo hubieran quemado Y si este era Vitcos, ¿entonces dónde estaba la ciudad que Manco construyó como su último refugio .Dónde estaba Vilcabamba la Vieja ( Machu Picchu Viajes ) .

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