Viaje Machu Picchu  -El Debate – 14

Mientras Bingham ( Viajes Machu Picchu ) y sus seguidores excavaban en tierras incaicas, el Perú Trip pasaba por una crisis política que marcaría un antes y un después en su historia. Sería una coyuntura tras la cual el país viraría hacia la izquierda y que arrastraría a las expediciones de Bingham a un épico enfrentamiento con la nación soberana del Perú  Viajes en torno a la propiedad de la historia precolombina. En mayo, los peruanos habían ido a las urnas para votar por un nuevo presidente. Se suponía que debía ganar un miembro del pro extranjero partido civilista del presidente Augusto  Leguía, pero los jóvenes progresistas de las provincias incluyendo a Luis E. Valcárcel y varios estudiantes del Cusco comenzaron una campaña de bases para postular a un candidato más radical. Su opción fue el alcalde de Lima, Guillermo E. Billinghurst  ( Viajes Machu Picchu ) . Pese a ser un hombre adinerado, Billinghurst fue reconocido como el candidato del pueblo, el defensor de los que habían quedado atrás en los últimos treinta años de ilimitado desarrollo «hacia afuera». Las élites no permitieron que Billinghurst  ( Viajes Machu Picchu )  apareciera en la cédula, y el 25 de mayo sus seguidores bloquearon el acceso a las mesas de votación impidiendo así que las elecciones se realizaran. Era un triunfo de la «voluntad popular», declaró un periódico, y les dio un perfil nacional a los dirigentes cuzqueños. El prefecto Núñez ordenó que el ejército atacara a Valcárcel y sus amigos, arrestando a algunos y golpeando a otros. Las raíces autoritarias del régimen de Leguía estaban a la vista de todos, y Valcárcel viajó a Lima a hacer campaña por Billinghurst ( Viajes Machu Picchu ). Bingham  ( Viajes Machu Picchu ) se había preocupado por la interrupción de las elecciones cuando llegó en mayo, pero sus amigos estadounidenses y británicos en Lima lo tranquilizaron. Se programaría otra elección, y quizá la ganaría Billinghurst ( Viajes Machu Picchu )  , pero Leguía seguiría siendo presidente por el resto del año, cuando menos. Cuando el Congreso se reuniera en julio, aprobaría la concesión de Yale. Bingham  ( Viajes Machu Picchu )  dejó el trámite del acuerdo en manos del ministro estadounidense y sus amigos en la Peruvian Trip Corporation, la poderosa compañía británica que hacía negocios con los ferrocarriles peruanos, y partió a explorar. Sin embargo, la situación empeoró. Los seguidores de Billinghurst ( Viajes Machu Picchu ) eran tenaces. Era la primera visita de Valcárcel en Lima, pero ello no le impidió convocar a los
estudiantes de la universidad más prestigiosa de Lima con historias de la lucha contra Núñez en el Cusco. Les exhortó a que oyeran las palabras de Nietzsche: «Yo no os aconsejo el trabajo sino la lucha. Yo no os aconsejo la paz sino la Victoria. Que vuestro trabajo sea una lucha, que vuestra paz, sea una Victoria» . Cuando circularon rumores de que Núñez le había pagado a una turba para que mataran a Valcárcel en cuanto regresara al Cusco, aquel fue destituido por Leguía . Núñez retó a Valcárcel a un duelo, el cual el joven intelectual evitó por poco, pero el daño al gobierno de Leguía ya estaba hecho. El 19 de agosto, Valcárcel se unió a los vítores de los miembros del movimiento de oposición cuando el Congreso eligió a Billinghurst  ( Viajes Machu Picchu )  como presidente en setiembre. La victoria de Billinghurst ( Viajes Machu Picchu ) despertó expectativas de numerosas reformas, incluyendo la de la arqueología de la nación. Mientras estuvo en Lima, Valcárcel se hizo amigo de Juan Bautista de Lavalle ( Viajes Machu Picchu ) , el joven presidente de la Sociedad Protectora de Monumentos, la organización que había impulsado la prohibición de exportación de objetos que había sido aprobada el año anterior . Juntos, exhortaron a los delegados del Congreso Estudiantil Panamericano a que apoyaran leyes en sus países de origen que protegieran a los monumentos del saqueo . Pero no había tan solo pasión juvenil. El anciano presidente del Instituto Histórico de Lima, don Eugenio Larrabure y Unanue, quien durante años se había quejado de la pérdida de objetos ante museos extranjeros, había enviado su propia ley al Congreso en julio. En su propuesta, pedía una prohibición permanente a la exportación de objetos de interés arqueológico o anticuario. Los museos extranjeros ya tenían suficientes muestras de arte peruano. Los peruanos ahora tenían que ver su historia como un compromiso sagrado, que los objetos valían más que el dinero y que su comercialización estaba destruyendo la evidencia arqueológica del país. Pese a la creciente oposición, Leguía podría haber hecho aprobar el acuerdo con .Yale si hubiera contado con la asistencia de Bingham en Lima. Cuando el Ministro estadounidense visitó a Leguía a mediados de agosto, este quedó estupefacto al ver que había venido sin Bingham. La concesión había estado languideciendo en su escritorio durante semanas, esperando a que Bingham la firmara . Pensando con rapidez, pero no con claridad, el diplomático estadounidense firmó en nombre de Bingham ( Viajes Machu Picchu ), lo cual debe haber sorprendido aún más a Leguía. Si la concesión de Yale era tan importante como para que el diplomático estadounidense fuera capaz de firmarla, dónde estaba Hiram Bingham ( Viajes Machu Picchu )  . Poco después de la medianoche del domingo 26 de agosto, Hiram Bingham ( Viajes Machu Picchu ) despertó en una larga y oscura casa en Puquiura, el pueblo donde había muerto el emperador Inca Titu CUSÍ ( Viajes Machu Picchu ) . Sintiéndose enfermo, salió a tropezones al porche y vomitó en la oscuridad. Las semanas desde su partida de Machu Picchu habían sido difíciles. Había seguido pistas a un conjunto de ruinas llamadas Llactapata, separadas de Machu Picchu por unas cuantas montañas, y subido a un increíble valle en las alturas, donde encontró diez «magníficos» glaciares que prontamente bautizó con los nombres de Alfreda, Taft, Grosvenor y otros benefactores suyos. Pero después sus guías indígenas lo abandonaron en un descampado lleno de piedras y nieve, dejando así clara su verdadera opinión respecto de su expedición. Había venido a Puquiura para volver a visitar Víteos y excavar, pero se había encontrado con una epidemia de viruela y tifoidea que ya le había costado la vida a veintisiete de los ciento cincuenta habitantes del pueblo. Sus intentos de excavar el hermoso santuario de piedra de Yurak Rumi habían tenido tan solo éxito parcial: su equipo de obreros indígenas montaba a caballo, un privilegio que los blancos peruanos le permitían a pocos indios. «No reconocen a señor alguno», y Bingham ( Viajes Machu Picchu )  claramente les causó una tibia impresión. Obedecieron de mala gana las órdenes impartidas por un blanco local para ayudar al explorador a drenar el oscuro estanque de agua bajo el santuario. En el lodo encontraron nueve enormes asientos de piedra, pero ningún objeto arqueológico. A la mañana siguiente se comportaron de manera abiertamente «insolente» hacia Bingham (Machu Picchu Viajes) , sintiéndose en libertad de demostrar su descontento en formas impensables para los indios más cercanos al Cusco. Al final del día, el único tesoro que le entregaron fue el pedestal de una solitaria olla cerámica. Aquella noche, Bingham  ( Viajes Machu Picchu ) decidió que ya no podía más. A la mañana siguiente cabalgó a través de las montañas al sudeste, siguiendo la ruta que el viejo indio le había indicado hacía un año. Fuera del alcance del correo y del telégrafo, recién se enteró de que Leguía ya no sería el presidente desde el 4 de setiembre, dos semanas y media después de los hechos. Supo inmediatamente lo que eso significaba: la concesión de Yale corría peligro. Viajó a Lima «con toda la prisa que las muías, los letárgicos trenes y después los vapores [le] permitieron», reprendiéndose a sí mismo por andar explorando en vez de hacerse cargo del acuerdo. Cuando llegó, se dio con que la concesión de Yale efectivamente estaba al fondo de la lista de favores de último minuto que Leguía debía atender. Bingham admitió su error ante el Ministro estadounidense y se preparó para convencer al siguiente presidente, Billinghurst ( Viajes Machu Picchu ) , de la importancia del acuerdo con Yale. El drama del cambio de mando hizo que Billinghurst estuviera menos dispuesto a prestar oídos. Circulaban rumores de que Leguía había dejado deudas de más de cuatro millones de libras esterlinas. Las turbas persiguieron su coche en las calles llamándole ladrón y más . Cuando Bingham (Machu Picchu Viajes)  y el Ministro estadounidense visitaron a Billinghurst ( Viajes Machu Picchu ) en su primer día en el poder, el nuevo Presidente se mostraba, como era de esperarse, receloso de involucrarse en uno de los acuerdos preferidos de su predecesor, uno que había sido impulsado «sin preocupación por la ley». Billinghurst  ( Viajes Machu Picchu )  dijo que quería ser amigo de Estados Unidos y que no se opondría a la concesión de Yale ahora que estaba en el Congreso. Personalmente, sin embargo, consideraba que el proyecto era una desgracia» para el Perú Vije . Él sabe que el país debería hacer este tipo de trabajo por sí mismo, pero que es demasiado pobre», le explicó Bingham al presidente de Yale, sin percatarse de la seriedad de la situación: «Todo este asunto es un tanto tedioso y no es ni la mitad de interesante de lo que es la exploración ( Viajes Machu Picchu ). Bingham  ( Viajes Machu Picchu )  pronto se percató de que las ambiciones de Billinghurst iban  ( Viajes Machu Picchu )  más allá de simplemente deshacer las políticas del Presidente anterior. Los intelectuales peruanos estaban buscando su apoyo para ponerle un fin permanente a la práctica de dejar que los extranjeros se llevaran los objetos del país. El Ministro de Educación había firmado un decreto el año anterior que prohibía temporalmente su exportación, y los intelectuales del país querían que esto se cumpliera. Cuando Bingham ( Viajes Machu Picchu ) revisó el progreso de la concesión de Yale en el congreso, descubrió que estaba siendo revisada por el presidente del Instituto Elistórico del Perú Viaje , don Eugenio Larrabure y Unanue, el anciano caballero que había propuesto su propia ley de prohibición de objetos. Don Eugenio le hizo saber a Bingham ( Viajes Machu Picchu ) que estaba completamente en contra de la concesión, tanto porque le permitía a Yale socavar el decreto anterior y llevarse objetos a New Haven, como por ser exclusiva, prohibiendo un acceso peruano a su propio pasado. Su respuesta a la concesión de Yale, publicada en los periódicos del país, fue directa: «La ciencia no se conciba con los monopolios», escribió . Su punto general era más sutil: el libre comercio de arte y objetos peruanos había inspirado un mayor interés en el país, pero también había promovido el saqueo y destrucción generalizados de los descubrimientos arqueológicos al haber estimulado una demanda de parte de extranjeros adinerados. Aunque el equipo de Yale no buscaba comercializar los objetos, su presencia promovió un espacio de discusión más importante que el que ofrecían los saqueadores clandestinos. El público tira y afloja entre una universidad estadounidense y un país soberano en torno a la propiedad del pasado indígena constituyó un hito en la historia. La pregunta no era tan solo si Yale merecía los objetos y una voz en el futuro arqueológico del país, sino si los objetos debían salir del Perú Trip. Los periódicos del país lideraron un debate vociferante en torno al tema. La mayoría argüía que entidades científicas extranjeras como Yale deberían poder invertir sus energías y obtener algunos objetos, pero que el Perú debería ser el árbitro último, protegiendo los sitios y monitoreando todas las excavaciones. Entregarle por completo ese privilegio a Yale, burlando las leyes peruanas con la ayuda del Departamento de Estado de Estados Unidos, olía a dependencia o, peor aún, colonialismo. El drama se hizo internacional. Los intelectuales peruanos enviaron frenéticos telegramas a Harvard, al Museo Británico y a arqueólogos en Berlín. La intensidad de la oposición sorprendió a Bingham ( Viajes Machu Picchu ) . Durante los últimos tres años les había dicho a sus patrocinadores que el Perú Trip alegremente seguía los designios estadounidenses en todos los temas. «No me había dado cuenta de cuánto de la grata bienvenida que siempre recibí se debía a la conocida buena voluntad que Leguía tenía hacia nosotros», le dijo al presidente de Yale. Le sorprendió la fuerza de las convicciones de los peruanos: reclamaban poder excavar y proteger las ruinas y objetos del país; y que la ubicación de estos objetos (Estados Unidos o Perú) era de importancia. Mientras que Bingham  ( Viajes Machu Picchu ) argüía con cierta validez que las energías del Perú podrían ser mejor utilizadas persiguiendo y arrestando a los comerciantes ilegales de objetos antiguos, en el fondo había sido culpable de una presunción condescendiente: que no era posible que a los peruanos les interesara su pasado indígena. Bingham ( Viajes Machu Picchu ) estaba abrumado. Había avergonzado a Yale, al Departamento de Estado de Estados Unidos y sobre todo a sí mismo. Impulsado por partes iguales  de amor propio y curiosidad intelectual, había intentado establecer a Yale como
el padrino arqueológico del Perú, así como asegurarse un flujo continuo de objetos hacia el norte. Sus objetivos eran ingenua y extremadamente ambiciosos, y su reputación estaba siendo atacada. Prácticamente había prometido a sus
patrocinadores una colección de objetos para el museo de Yale; regresar con las manos vacías sería un desastre. Nerviosamente, le aseguró al presidente de Yale que obtendría «más de cien cajones para el museo. Para lograrlo, aceptó que debía hacer una retirada táctica en cuanto a la concesión. El Comercio publicaba editoriales furibundos contra «un monopolio amenazador para la cultura nacional y [que significa] la pérdida para el país de los más valiosos restos de las pasadas civilizaciones peruanas» . Con el Ministro estadounidense como testigo, Bingham  ( Viajes Machu Picchu ) y el presidente Billinghurst ( Viajes Machu Picchu )  llegaron a un acuerdo: Bingham retiraría la concesión del congreso y Billinghurst dijo que prepararía un decreto «que nos daría permiso completo para exportar todo lo que pudiéramos excavar antes del 1 de diciembre», le escribió Bingham al presidente de Yale. Después de la oposición del público, resultaba una victoria sorprendente. Yale exportaría todos sus objetos, en vez de la mitad contemplada en la concesión. Había «unas cuantas condiciones menores que deberíamos poder cumplir pero Bingham ( Viajes Machu Picchu )  prefirió no ponerlas por escrito Bingham ( Viajes Machu Picchu ) le escribió una carta abierta al público peruano explicando que Yale solo había pedido una concesión exclusiva por recomendación de Leguía. Yale no estaba motivada por el lucro, explicó, sino por el deseo de iluminar el progreso científico peruano, atraer turistas y viajeros al Perú y «sobre todo, de mostrar la efectividad de su lema, Luzy Verdad»’7. Completamente exhausto, tomó un vapor al sur a Moliendo, y tomó un tren al Cusco para tener un último mes de trabajo arqueológico. El debate que dejaba atrás, no obstante, sugería que los problemas todavía persistían. Los peruanos estaban ahora al tanto del valor monetario, cultural e intelectual de su pasado. Sería difícil que los futuros arqueólogos extranjeros pudieran reclamar autoridad significativa debido al fantasma de la concesión de Yale. Además, en una edad en que los latinoamericanos estaban cada vez más preocupados por las intenciones estadounidenses en el hemisferio, el intento de Bingham  ( Viajes Machu Picchu ) de hacer aprobar un decreto con el apoyo del Departamento de Estado de Estados Unidos demostraba que sus sospechas tenían asidero: los norteamericanos deseaban controlar toda la región, desde sus minas hasta su historia. Para nuestras riquezas nosotros nos creemos suficientes y el que quiera estudiarlas que venga a nuestro país, gaste en nuestro país, deje sus dollars en nuestro país escribió un peruano en El Comercio. «Sería lo último que nuestro gobierno tuviera que enviar peruanos a Norte América para que estudien lo que tienen en su propio país. No mojen, ya no nos chupamos el dedo. Lo entiende bien, Norte América . Fue con ese espíritu desafiante que Francisco Moreyra, el ministro de Justicia y Educación de Billinghurst ( Viajes Machu Picchu ), redactó y firmó el prometido decreto de concesión a Yale. Mandó un telegrama al Cusco con el permiso que Yale requería para seguir con sus exploraciones y exportar sus colecciones. La expedición tenía hasta el 1 ° de diciembre de 1912 para terminar su trabajo bajo la observación de un monitor peruano, quien haría un inventario de la colección de Yale. Una vez que terminara, en el espíritu de colaboración científica, y por esta única vez, los objetos podrían salir del país con destino a Yale . Semejante decreto no parecía una victoria para el Perú Viaje . El ministro Moreyra no había mandado todas sus condiciones por telegrama, sin embargo. El decreto completo y su revolucionaria letra fina llegarían al Cusco por correo justo antes de la partida del equipo de Yale, por lo que Bingham tendría todo el largo viaje de retorno para contemplar la victoria final que el Perú le había arrancado a Yale ( Viajes Machu Picchu ) .

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