Viajes Machu Picchu – El Cementerio de los Incas – 13

El retomo de Yale a Machu Picchu Viajes , en julio de 1912, tuvo un significado para los lectores de diarios norteamericanos, pero otro completamente diferente para los habitantes del sitio. Los indios probablemente pudieron oír a la expedición acercándose: el sonido de las hachas abriendo camino mientras trepaban por el sendero desde el río Urubamba Machu Picchu  Viajes Peru ; las maldiciones tras casi cortarse el pie por un machetazo mal dirigido y desviado por una terraza incaica. Y después, el espeluznante crujir del fuego que avanzaba por la maleza, soltando nubes de humo sobre sus jardines arruinados. Anacleto Álvarez, Torvis Richarte, Tomás Fuentes y sus familias habían visto a los estadounidenses por última vez en setiembre del año anterior, cuando los expedicionarios Paul Lanius y Hermán Tucker hicieron una visita cordial para despejar y fotografiar secciones del sitio. Esta vez, la atmósfera había cambiado. El ruidoso grupo que se aproximaba a sus chozas esa tarde estaba compuesto de uno de los nuevos empleados de Bingham (Viajes Machu Picchu ), un joven ingeniero llamado Kenneth Heald, un soldado peruano de nombre Tomás Cobinas y once indios del cercano pueblo de Ollantaytambo (Viajes Machu Picchu ), cada uno portando alguna combinación de hachas, machetes, palas y palancas. Los indios de Ollantaytambo no estaban particularmente contentos de estar ahí; se les pagaba, pero eran en realidad «trabajadores forzados» . Heald tenía una carta del prefecto en la que los funcionarios locales recibían órdenes de reclutar trabajadores para la expedición. El gobernador de Ollantaytambo  (Machu Picchu Viajes ) había enganchado a estos indios y los había metido a la cárcel «para asegurarse de que no huyeran» antes de entregárselos a la expedición (Viajes Machu Picchu )  . La renuencia de los indios era evidente: aparte de preferir dedicarse a sus cosechas, estaban siendo incorporados contra su voluntad en las abusivas prácticas laborales del bajo Urubamba, donde había fuertes tensiones entre indios y blancos. El trabajo que se les estaba asignando merodear en ruinas incaicas tampoco les entusiasmaba. Era peligroso. Probablemente habían oído del niño que fue arrastrado por el Urubamba cuando trabajaba para los exploradores blancos el año anterior. Cuando los indios de Ollantaytambo llegaron a Mandor Pampa, encontraron el cuerpo de un indio que había sido acuchillado por la espalda el día anterior. Lo único que consternó a Heald era el no haberlo reclutado antes de que muriera. «Tenía buena apariencia, aquel indio», escribió después de ver el cadáver. Heald no se tomó la molestia de registrar lo que opinaron Richarte y Alvarez sobre el retorno de Yale. Solo nos queda imaginarnos el nerviosismo que sintieron al atestiguar el obvio conflicto entre los estadounidenses y los indios de Ollantaytambo (Machu Picchu Viajes )  . Los indios encendieron una fogata que alegaron se les fue de control y casi mató a Heald y al soldado, pero Heald tenía sospechas de juego sucio. Las familias indias de  (Machu Picchu Viajes )  también se debieron preocupar cuando Heald resbaló y cayó mientras intentaba escalar el Huayna Picchu (Viajes Machu Picchu ) , dislocándose el hombro pero salvando de morir. Unos días después arribó el hombre que había puesto todo en marcha: Hiram (Viajes Machu Picchu ) Bingham (Viajes Machu Picchu ), el alto yanqui de la sonrisa mustia, acompañado por otro soldado peruano y un empalagoso caballero del Cusco llamado Jara, quien se presentó como el «agente» de Mariano Ignacio Ferro, el dueño de las tierras en las cuales se ubicaba Machu Picchu Viajes . A Ferro le sorprendió enterarse de que semejante ruina se encontrara en su propiedad, o de que hubiera indios cultivando ahí, pero Bingham (Viajes Machu Picchu )  ya había llegado a un acuerdo con él . Bingham le daría a Ferro después de descontar la mitad que le había prometido al Perú un tercio de todos los «tesoros, monumentos y cualesquiera otras riquezas que encontrara El agente de Ferro, Jara, se aseguraría de que Ferro obtuviera la parte prometida del oro o la plata que encontrara la expedición (Machu Picchu Viajes ) , pero también de que Richarte, Alvarez y Fuentes comprendieran quién era el dueño de la tierra en la que vivían. Viajes Machu Picchu seguiría siendo su hogar, pero por esta temporada sería un sitio arqueológico y no tierras agrícolas de Machu Picchu . No era que tuvieran tiempo para cuidar sus cosechas: ahora trabajaban para la expedición (Viajes Machu Picchu ) . En presencia del soldado peruano, Richarte y Álvarez casi no podían protestar. En un comienzo quizá incluso podrían haberse sentido emocionados por trabajar para Yale, aunque probablemente no fue así. Habían venido a Machu Picchu para trabajar por su cuenta, un hecho que Bingham alguna vez había apreciado. La llegada de Yale los había introducido nuevamente al sistema peruano de trabajos forzados. Para los estadounidenses, todo esto olía a exploración. Para Richarte y Alvarez, el aroma era de una explotación (Machu Picchu Viajes ) perturbadora, especialmente cuando se enteraron de lo siguiente que Bingham quería que hicieran. Disfrutando la vista desde la ciudad perdida de sus sueños, la cual todavía estaba cubierta de maleza, Hiram Bingham (Viajes Machu Picchu )  apenas podía contener su entusiasmo. «Las ruinas de siguen tan espectaculares como siempre», escribió Bingham (Viajes Machu Picchu ) en su diario, «muy impresionantes son especialmente la Plaza Sagrada y el panorama». Su regreso al Cusco a fines de junio había sido difícil al comienzo. En su libro de 1911 sobre Sudamérica, había descrito al Cusco como «la ciudad más inmunda del mundo». Al llegar hubo de hacer una diplomática rectificación. Cusco o por lo menos sus intelectuales lo perdonaron y celebraron sus logros del año anterior. Las noticias de Machu Picchu Viajes  habían llegado a la ciudad en diciembre de 1911, y un grupo de la Universidad del Cusco había partido a ver las ruinas poco después. Dijeron que Bingham (Machu Picchu Viajes ) era su «descubridor científico», pero anotaron que había sido visitado numerosas veces en el pasado. El Comercio del Cusco fue mucho más dramático: «Pocas expediciones (Machu Picchu Viajes ) han sido de tamaña importancia en el mundo científico. Para los estudiantes de la universidad, la atención de Bingham había sido particularmente electrizante. Para Luis E. Valcárcel, que había ayudado a liderar la huelga de unos años atrás, la revelación de Machu Picchu  Viajes tuvo una influencia decisiva» sobre su vocación y vida, «un gran estímulo para la juventud cusqueña … que nos animó a muchos a profundizar en el estudio de la prehistoria peruana» . El 2 de junio, la universidad nombró a Bingham  (Viajes Machu Picchu ) profesor honorario. Hiram devolvió el favor exhortando a los estudiantes hijos del Cusco, herederos de la civilización más antigua de toda la América», a que respondieran al llamado de los fundadores de la Universidad de Yale, quienes tomaron como lema ‘Luz y Verdad . Los estudiantes aplaudieron . De haber estado Valcárcel ahí, habría aplaudido también. Estaba en Lima, sin embargo, en una misión que Bingham (Viajes Machu Picchu ) muy pronto no podría ignorar. Mientras tanto, sin embargo, la atención de Bingham se enfocaba en Machu Picchu Viajes. Dar discursos sobre la «Luz y Verdad» en Yale o la Universidad del Cusco estaba muy bien, pero era momento de poner manos a la obra. El primer punto era reivindicar las ruinas en nombre de la ciencia. Ordenó que todos los indios, menos uno, se dedicaran a despejar la gruesa maleza que cubría los muros de los edificios. Había árboles que habían «echado raíces en los vértices de los gabletes de las pequeñas y hermosas casas». Bingham (Viajes Machu Picchu ) quería que las ruinas se vieran como si los incas hubieran retirado los techos hacía pocos días. Es cierto que la expedición (Viajes Machu Picchu ) debía hacer planos arquitectónicos, pero Hiram también deseaba que Machu Picchu Viajes luciera espectacular para las fotos que pronto tomaría. Mientras en las montañas se oía el crujir de la quema de casi 400 años de maleza selvática, Bingham (Viajes Machu Picchu ) envió a otro trabajador a una tarea especial que le tomaría un día entero: borrar los «rústicos autógrafos de carbón» de los visitantes peruanos anteriores, entre ellos el del ahora fallecido Agustín Lizárraga . Para Bingham (Viajes Machu Picchu ) constituían grafiti. Quizá también podrían haber sido un irritante recordatorio de que no había sido el primero en visitar Machu Picchu. El 22 de julio la expedición empezó a excavar con empeño. Bingham (Viajes Machu Picchu ) tomó fotos, dejando el trabajo pesado a seis indios del Cusco y al mordaz ingeniero estadounidense que había contratado en Lima, Ellwood C. Erdis. Empezaron con la plaza sagrada: Bingham (Viajes Machu Picchu ) tenía la esperanza de que Machu Picchu Viajes ocultara un rico tesoro o un entierro de algún tipo. Excavaron con picos y palas bajo el altar labrado del templo monolítico en el sector norte, pero encontraron tan solo una base de rocas. «[Encontramos] varios hoyos interesantes en los cuales entran las palancas en su totalidad, pero todo el trabajo es en vano», escribió Bingham (Viajes Machu Picchu ) en su diario. Bajo el templo de las tres ventanas lo que para Bingham (Viajes Machu Picchu )  constituía la «evidencia» de que Machu Picchu Machu Picchu era el lugar de origen de los incas encontraron una tumba con forma de botella, pero también estaba vacía. Aparentemente, ni Viajes Machu Picchu había sido inmune al saqueo. Era hora de ampliar el radio de acción de la expedición. Mientras Erdis y sus hombres despejaban ruinas, Bingham (Viajes Machu Picchu ) se enfocaría en los machays, o entierros, del sitio, tal como había hecho en Choqquequirau. Para dirigir su apertura disponía del osteólogo que Yale había enviado para confirmar los huesos glaciales en el Cusco, George Eaton. Para encontrar las tumbas, sin embargo, escogió a los indios que conocían mejor la zona. El agente del terrateniente, Jara, le explicó a los agricultores Alvarez, Richarte y Fuentes que habían sido designados como señaló más adelante Eaton como los «huaqueros» de lá expedición (Viajes Machu Picchu ) . Esto era pedir demasiado a los tres agricultores. Como reconoció luego Bingham (Viajes Machu Picchu )  , los tres granjeros creían que «sus cosechas podrían tener una cierta mala suerte si profanaban los huesos de los antiguos habitantes que se encontraban enterrados en las zonas circundantes» . En vez de ayudar a la expedición, regresaron a la tienda de Bingham (Viajes Machu Picchu ) con las manos vacías durante dos días seguidos. Bingham (Machu Picchu Viajes )  intentó otra táctica. Convocó a los trabajadores indígenas cuzqueños y les dijo que les daría un sol, equivalente a medio dólar, «a quien le diera la ubicación de una cueva que contuviera un cráneo, la cual debían dejar tal como la encontraron, para poder ver al cráneo en su posición original». Al final del día, los indígenas del Cusco regresaron «hechos jirones y arañados por los matorrales y junglas, y frustrados por los precipicios de Machu Picchu Viajes ». Richarte, Alvarez y Fuentes, sin embargo, anunciaron que habían encontrado ocho cuevas funerarias y que querían ocho soles. Esto le hizo mucha gracia a Bingham (Viajes Machu Picchu ) , quien creyó que los peruanos habían estado meramente esperando obtener beneficios adicionales por encima de sus sueldos. Es una posibilidad, pero es igualmente posible que Richarte, Alvarez y Fuentes hubieran tomado una sencilla decisión: podrían dejar que los indios del Cusco ganaran dinero al profanar tumbas que malograrían sus sembríos, o podían reportar las tumbas ellos mismos, hacerse del bono en efectivo, y esperar ser perdonados. El 24 de julio, exactamente un año después de que el hijo de Richarte hubiera guiado a Bingham a Machu Picchu Viaje , Richarte llevó a Bingham (Machu Picchu Viajes ) y a Eaton a las tumbas de la localidad. Los indios abrieron paso a través de la selva en un área ligeramente por debajo de las ruinas al noreste. La vegetación era tupida, y tenían que «escurrirse cual serpientes a través de la selva cuando la fétida vegetación no era tan densa como para requerir el uso vigoroso de machetes» . Los guías hicieron un alto y señalaron una piedra grande e irregular, casi invisible en la maleza. Bajo esta había una pequeña pared en forma de cuña, de 1,2 metros de largo y 0,6 metros de alto, hecha de piedras pequeñas y toscas. Los estadounidenses se pusieron de rodillas y empezaron a sacar las piedras. El interior se hizo visible paulatinamente: había unos cuantos ceramios y pudieron ver por primera vez a los antiguos habitantes de Machu Picchu  Viajes – un cráneo y unos cuantos huesos sentados en posición fetal, como era el caso con la mayoría de los entierros andinos. Eaton después concluiría que los restos pertenecían a una mujer de unos 35 años de edad. En una segunda cueva, Bingham (Machu Picchu Viajes ) encontró los fragmentos de dos cráneos humanos. En la tercera, Eaton recuperó un cuerpo con un cráneo alargado: un caso interesante de modificación craneana precolombina. De otra tumba, Eaton extrajo otro esqueleto y una olla con dos asas, de cerámica roja, en perfectas condiciones. Una cueva más reveló fragmentos de seis cráneos. Bingham (Viajes Machu Picchu ) abrió otra cueva funeraria más, que contenía dos cráneos humanos y una olla rota. Bingham (Viajes Machu Picchu ) estaba decepcionado. Sabía que la arqueología incaica rara vez daba con tumbas llenas de oro y plata, pues los incas transportaban sus riquezas con sus momias, y los españoles habían capturado tanto lo primero como lo segundo. Tenía la esperanza de que Machu Picchu Viaje  hubiera evadido la conquista de alguna forma, o que quizá podría encontrar cuando menos bronces o ceramios que valiera la pena exhibir. En vez de ello, estas primeras tumbas no contenían «nada», según escribió en su diario, especulando que unos «cazadores de tesoros» habían llegado ahí antes. Machu Picchu Viajes  podría brindar sorpresas aún, pero tan solo por medio de la atención a los detalles que le resultaban tediosos. El 29 de julio, Bingham recogió sus alforjas para continuar con lo que hacía mejor: cabalgar entre crestas nevadas y valles selváticos en busca de más pistas respecto de la ubicación de Vilcabamba la Vieja, el último refugio de Titu CUSÍ (Viajes Machu Picchu ) y Túpac Amaru. Dejó a Eaton a cargo. Cuatro años mayor que Bingham, Eaton también era un egresado de Yale, pero no se tomaba las cosas con tanta seriedad. Remilgado y dispuesto a todo, culto y gracioso, Eaton se entretenía haciendo referencias a dramas franceses en sus monografías. Se refería al pan duro como «panecillos preincaicos» y a los mosquitos como especímenes entomológicos nocturnos . Bajo un sombrero porkpie de banda ancha y un bigote oscuro y afeitado a la moda, mordía su pipa y la encendía usando una lupa y el sol andino. A diferencia de Bingham (Viajes Machu Picchu ) , él veía a la expedición  (Machu Picchu Viajes ) de Yale, a sí mismo y a la ciencia de manera un poco más irónica: «Saquear tumbas es, en el mejor de los casos, una empresa impía. El colector de huesos científico sin duda tiene mejores intenciones que el cazador de tesoros, pero ambos siguen, en parte, el mismo curso, y quienquiera termine en último lugar en la carrera por el premio probablemente considera que el trabajo de su competidor es una profanación injustificable. Para Eaton, tanto saquear tumbas como la arqueología estaban en el mismo espectro, dividido por una línea arbitraria convenientemente llamada ciencia. Eaton tenía una definición mucho más amplia de la palabra «tesoro» que la que tenía Bingham. Eaton era un científico de pura cepa, y en estas sencillas «tumbas indias» él vio mucho más que tiestos y huesos rotos. En ellas veía los humildes restos de todo un pueblo. Mientras examinaba cráneo tras cráneo, dedujo que pertenecían a los sirvientes del lugar. Era poco probable los enterraran con muchas posesiones, pero mantenían su valor como especímenes humanos. También postuló una explicación (Viajes Machu Picchu )  para los huesos entremezclados que iba mucho más allá de ser el simple resultado del saqueo de tumbas: habrían sido sacados y venerados por los descendientes de los muertos. Así inspirado, Eaton siguió abriendo tumbas. Su interés en todo lo que contuvieran hizo que la colección fuera invalorable, guiando a Bingham (Viajes Machu Picchu ) a una conclusión dramática respecto de la identidad del sitio. Eaton habría logrado poco, sin embargo, sin Richarte y Álvarez (Fuentes, que era mayor, solo se aparecería a trabajar ocasionalmente). A lo largo del mes siguiente, llegaban cada mañana para escoltar a Eaton a las tumbas que habían encontrado el día anterior. Mientras Eaton tomaba apuntes, buscaban en los hoyos y sacaban a los escorpiones. Señalaban los huesos en los cuales habían crecido heléchos, los cráneos que estaban sujetados a la montaña por raíces que atravesaban las cuencas de los ojos. De las pendientes cerca de Huayna Picchu (Viajes Machu Picchu )  se trasladaron al sur a lo largo del lado oriental de los montes hasta que llegaron a las alturas ubicadas sobre la parte principal del sitio. Para fines de agosto le habían mostrado a Eaton 52 cuevas funerarias, el inicio de una colección que atormentaría a Yale por casi un siglo. Una mañana, Richarte y Álvarez llevaron a Eaton a una terraza ceremonial bien construida ubicada a unos 300 metros por encima de la sección sur de las ruinas. Tenía escalinatas a ambos lados y estaba protegida del sol por una roca enorme. Ahí excavaron su vigésimo sexta tumba, que reveló uno de los descubrimientos funerarios más significativos del año. Había dos ollas con forma de botella en perfecto estado y un plato roto con un pie. También había varios alfileres de cobre, una aguja y un curioso disco de cobre con una manija. Eaton después se imaginó que su dueño lo habría usado como un espejo o para encender fuegos. A esto se sumaba un par de pinzas y los restos de un perro. Y en el centro de la tumba, había un esqueleto humano casi completo, sentado erguido con lasm rodillas presionadas contra el pecho. Parecía ser mujer, y sobre sus hombros estaba colocado un chal basto, que alguna vez estuvo enganchado con un tupu, un alfiler con una cabeza plana y redonda. A sus pies estaban las delicadas fiorituras de su calzado de cuero, que los indios decían ser muy antiguos. Eaton concluyó que la mujer era una «sacerdotisa» y que la terraza debe haber sido un lugar de descanso ideal para el Inca y sus consortes reales durante sus visitas a Machu Viajes  Picchu, o en otros momentos, para los sacerdotes y sacerdotisas del Sol y la Madre Superiora del Acclahuasi o casa de las vírgenes del sol. Para Eaton, era hermosa. A los hombres que tuvieron que empacarla en los cajones de comida de la expedición (Machu Picchu Viajes ) , sin embargo, aparentemente les resultaba repulsiva. Pocos días después, Richarte llegó al trabajo sin Álvarez. El indio más joven le dijo a Eaton que su vecino estaba abajo en el río, padeciendo alguna vaga enfermedad en su miembro viril. Cuando Álvarez no apareció al día siguiente, Eaton se enteró de que su problema eran «sus testículos, y que los otros indios decían que el problema había sido causado por los espíritus de los incas muertos cuyas tumbas Álvarez ha estado saqueando». Los otros indios creían que Álvarez, Richarte y la expedición de Yale habían sido los blancos de una maldición. Todo esto, sin embargo, le resultaba entretenido a Eaton. «Richarte, menos piadoso que los demás, dice que si los incas muertos le causan algún problema en sus partes privadas, abrirá todas las tumbas y destruirá todos los huesos que pueda encontrar», escribió en su diario. «Espero que Álvarez no intente destruir los espléndidos cráneos que he recolectado. ¡Si lo intenta, tendrá otros problemas de los cuales lamentarse . Eaton dejó de reírse cuando Richarte también desapareció. Después de una semana Eaton se preguntaba dónde estarían sus «huaqueros». Sin ellos, la excavación de los entierros se detuvo, y Eaton se pasaba los días empacando y volviendo a empacar los huesos en cajas. Cuando finalmente regresaron el 14 de agosto, Eaton concedió que había subestimado sus angustias. «Álvarez y Richarte se aparecieron para trabajar esta mañana, pero no parecían estar muy ansiosos por buscar tumbas. Quizá sí están un poco asustados de los espíritus. Antes de que llegara la expedición, los residentes de Machu Picchu Viajes  aparentemente creían que los restos serían respetados. Su participación en la remoción de los huesos les acarreó una maldición o, peor aún, acabó con el significado espiritual que alguna vez poseyeron. Al acercarse la fecha de la partida de Eaton, el osteólogo tuvo una desconcertante y breve revelación de lo que la expedición había hecho. Una tarde a fines de agosto, Richarte y Álvarez estaban excavando una roca por encima de las ruinas cuando descubrieron una tumba con dos cuerpos cuyos ligamentos de las rodillas seguían intactos. Estaban tan bien preservados, pensó Eaton, que podrían haber sido enterrados veinticinco años antes. Se habrían agotado las tumbas antiguas, con el resultado de que el aliciente del dinero de Yale habría llevado a Richarte y Alvarez a las más recientes . De ser así había muchos precedentes: antropólogos de fines del siglo XIX habían hecho fortuna excavando tumbas indígenas recientes en el Oeste estadounidense y enviando los restos humanos a museos en el Este . Había menos precedentes en cuanto al hecho de que los excavadores de Eaton eran indios también, y que estaban intentando separar sus creencias del perturbador trabajo que al que se les obligaba . Cuando Eaton extrajo la momia de la cueva, los indios hicieron algo que lo perturbó aún más: le pidieron trozos de los
tejidos secos de la momia. Dijeron que lo añadirían a sus guisos para tener buena fortuna. A sus lectores posteriores, Eaton sugirió que esta era la supervivencia de una «antigua y salvaje superstición» que rayaba en el canibalismo . En su diario escribió que creyó que quizá le estaban tomando el pelo. Pero a pesar de todo les dejó quedarse con el ligamento. Pocos días después, en su diario, Eaton les dio a sus guías nativos un nuevo apodo, que hacía referencia a uno de los capítulos más desagradables de la historia de la ciencia uno que ya no se sentía tan distante mis dos fiables
“resurreccionistas” Richarte y Alvarez .Los «resurreccionistas» eran aquellos ingleses y estadounidenses que en los siglos XVIII y XIX se metían de noche a los cementerios a desenterrar los cadáveres frescos de los pobres, con el fin de que los jóvenes doctores y científicos pudieran aprender sus profesiones por medio de la disección y experimentación ilegal. Era una broma de Eaton, pero enmascaraba una realidad más amplia relacionada con las expediciones peruanas de Yale. Bajo la dirección de Bingham (Viajes Machu Picchu ) , la expedición le había insuflado vida a Machu Picchu Viajes , resucitando la antigüedad incaica como ningún arqueólogo había hecho antes. Esta resurrección venía de algo sórdido, sin embargo: la coerción de los indios a lo que Eaton llamaba una «búsqueda impía pero lucrativa», una que culminaba con la ingestión de los muertos . Los cazadores de tesoros habían visitado las ruinas previamente y se habían ido con ceramios, pero la expedición de Yale era diferente. Para Yale, todo en Machu Picchu Viajes, los cráneos y huesos de los ancestros de los residentes incluidos, eran tesoros que podían ser comprados y poseídos. Tal como Bingham iba a descubrir por sí mismo, de haber una maldición en Machu Picchu Viajes era esta: si algo puede ser poseído, puede ser disputado. Yale estaba amasando una de las colecciones de objetos incaicos y restos humanos más importantes en lo científico, y más evocadoras en lo espiritual, de la historia.
Pero a quién pertenecía este tesoro (Viajes Machu Picchu ) .

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